Capítulo 38

Lyla

Damon y yo estábamos solos, escondidos en un rincón apartado cerca del borde del campo de entrenamiento de la manada. El suave susurro de los árboles y el ocasional canto de los pájaros eran los únicos sonidos que nos acompañaban.

Mi corazón latía con fuerza, cada latido resonando en mi pecho...

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