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—Eres tan afortunada, te vas a Australia —Nikita apoyó su barbilla en las palmas de sus manos, con el vientre plano sobre la cama y las piernas levantadas en el aire.

—¿Cómo es eso afortunado? —me pregunté, doblando mi ropa para meterla en mi maleta de viaje.

—¿Cómo no lo es? —Su teléfono sonó fre...

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