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—No hay manera de que esté durmiendo. Fruncí un poco el ceño y quise sentarme derecho para comprobar si estaba durmiendo, pero él sostuvo mis manos y plantó un beso en ellas.

Se dio la vuelta y luego volvió a tomar mis manos, sonriéndome. Sentí como si hubiera recibido mil millones de dólares; su s...

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