Capítulo 2 EL FILO DEL DESEO

–Lo que sucede en esos lugares es que los directores prefieren rodearse de personas sumisas que no cuestionen sus órdenes, y cuando una empleada demuestra capacidad real y defiende su criterio, buscan cualquier excusa absurda para sacarla del camino –añade Alice con absoluta firmeza, negándose por completo a dejar que la pisoteen antes de iniciar siquiera las labores.

–¿Está insinuando que su físico le impide conservar un empleo o me está diciendo que carece de la agilidad mental necesaria para mantenerse en un puesto corporativo? –pregunta Jason con una sonrisa cínica que revuelve el estómago, cruzando los dedos sobre la superficie de madera y acercándose sutilmente para acortar la distancia física.

–Le estoy diciendo con total claridad que mi prioridad es trabajar con absoluta ética y profesionalismo, y que esa postura choca frontalmente contra jefes acostumbrados a comprar voluntades y a manejar a los empleados como si fueran objetos desechables –responde Alice sintiendo que la paciencia se agota en tiempo récord mientras la cercanía del hombre provoca una fricción invisible en el aire.

–¿Acaso cree que sentarse en esta oficina le dará el derecho de venir a darme cátedra de moralidad empresarial cuando lo único que necesito es a alguien que teclee contratos sin cometer faltas de ortografía? –cuestiona el director inclinándose sobre la caoba con una agresividad palpable en cada gesto, midiendo el impacto exacto de sus palabras en la respiración acelerada de la mujer.

–La moralidad no es opcional, señor McLorenz, y si contrata a alguien esperando sumisión ciega se equivocó rotundamente de persona, porque yo vine a trabajar con dignidad, no a agachar la cabeza ante caprichos de oficina de un jefe frustrado –responde Alice plantándole cara sin titubear ni un solo segundo, desafiando la autoridad que emana del costoso traje a medida.

–La verdad es que, analizando su currículum a pesar de su absoluta falta de gracia y de modales adecuados, considero que cumple con el perfil técnico mínimo para este puesto, y lo mejor de todo es que su completa falta de atractivo físico me garantiza que no tendré distracciones personales de índole sentimental en esta oficina, limitándose a cumplir con ser una secretaria más del montón –afirma Jason sin filtro, golpeando la superficie del escritorio con los dedos en un gesto autoritario destinado a provocar.

–¿Le parece necesario insultar mi aspecto físico para validar una contratación que usted mismo necesita de emergencia para sostener esta empresa? –pregunta Alice tensando la mandíbula mientras la sangre hierve en las venas con furia incontenible.

–Solo estoy siendo perfectamente honesto con las reglas estrictas de este corporativo, señorita Alice, para que después no venga llorando a reclamar un trato preferencial que jamás va a recibir de mi parte bajo ninguna circunstancia –contesta Jason con una suficiencia que provoca unas ganas irrefrenables de arrojar el tintero pesado directamente a la cabeza.

–Este puesto de trabajo es sumamente importante para cualquiera que desea progresar aquí, pero yo, a pesar de que necesito el dinero para pagar las cuentas, también me respeto a mí misma y es por eso que le agradezco profundamente por su tiempo, pero ahora mismo me retiro de su presencia, señor McLorenz, así que le sugiero que mida muy bien sus palabras si pretende en algún momento que esta relación laboral funcione de verdad –contesta Alice comenzando a dar pasos firmes hacia la salida del despacho.

–Es tal como dicen por ahí, las mujeres de tu tipo solo saben huir y renunciar cobardemente ante las exigencias reales de las empresas de este nivel, y te aseguro que si no conseguiste trabajo en ningún otro lado de la ciudad, aquí tampoco vas a durar ni una sola semana –responde Jason con una frialdad glacial, calculando cada palabra para obligarla a detenerse mediante el orgullo herido.

–¿Pretende asustarme con esa táctica barata de jefe tirano? –retruca Alice manteniendo la barbilla en alto, desafiando la autoridad con cada fibra del cuerpo y girándose medio cuerpo para enfrentarlo de nuevo.

–No pretendo asustarla en absoluto, señorita Alice, simplemente le estoy diciendo con franqueza que si el resto de las corporaciones se entera de que tuvo una entrevista en esta empresa y no fue aceptada, claramente ningún otro lugar la va a contratar porque no existe mejor empleador en todo el estado que el mío –espeta Jason apretando los dientes con evidente fastidio, perdiendo por un fugaz instante la fachada de control absoluto que siempre intenta proyectar.

–Acepto el desafío, señor –retruca Alice con decisión, sintiendo cómo la tensión eléctrica entre ambos se vuelve casi insoportable, tangible y pesada en el espacio reducido del despacho exclusivo.

–Ya veremos cuánta de esa supuesta valentía le dura cuando tenga que lidiar con los informes financieros antes del mediodía y con los clientes más pesados y maleducados de toda la corporación –dice él entrecerrando los ojos mientras arroja una carpeta pesada sobre el escritorio de madera.

–¿Siéntese en su lugar de una vez por todas y empiece a revisar cada contrato viejo antes de que agote la poca paciencia que me queda para tolerar su presencia aquí! –ordena el CEO con una voz imperativa que exige obediencia inmediata.

–¿Cree que una simple carpeta de papel va a intimidarme después de haber sobrevivido a jefes mucho peor educados que usted en empresas al borde de la quiebra total? –pregunta Alice tomando los documentos con manos firmes y decididas.

–Menos charla inútil y mucha más acción eficiente, señorita, que los números de esta compañía no se van a auditar solos mientras usted se dedica a cuestionar mis métodos comprobados de liderazgo corporativo –contesta Jason girando pesadamente en el sillón ejecutivo de cuero negro, dándole la espalda de forma despectiva pero con el pulso acelerado por la intensidad del momento compartido.

Alice sale de la oficina cerrando la puerta con una fuerza calculada que demuestra que no le teme en absoluto a su nuevo jefe. Jason se levanta de su asiento de inmediato, camina hacia el minibar privado de la oficina, se sirve un vaso de whisky puro y se detiene frente al gran ventanal de cristal que domina toda la ciudad.

–¿Cómo puede ser que me hayas alterado de una manera tan descomunal si apenas soporto tu insolencia? –susurra Jason para sí mismo con la mandíbula tensa, recordando de golpe cada línea del traje ajustado que marcaba de forma obscena la silueta perfecta de Alice mientras ella le respondía con una osadía que le enciende la sangre y le acelera el deseo de doblegarla por completo.

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