Capítulo 7 UN DESLIZ
–Cierra la maldita boca y deja de provocarme de esa manera tan peligrosa, Alice, porque voy a perder el poco autocontrol que me queda si sigues retándome así –contesta con la voz completamente ronca por el deseo desbordado, mientras sus ojos oscuros me devoran con una intensidad feroz. – No sigas probando los límites de mi paciencia porque sabes perfectamente que no respondo de mis actos cuando te pones en este plan desafiante que destruye toda mi cordura profesional.
Sus labios vuelven a buscar los míos, mas el encanto se desvanece de golpe cuando el zumbido del teléfono móvil irrumpe en el silencio. Instintivamente, Jason da un paso atrás con una agilidad pasmosa, mientras alisa su corbata con pulso firme, acomoda el saco y extrae el aparato del bolsillo interno con un gesto de profundo fastidio.
–¿Qué demonios ocurre para que me marquen a esta hora de la madrugada cuando saben perfectamente que estoy fuera de horario y atendiendo asuntos confidenciales de la compañía? –pregunta Jason con un tono gélido y cortante mientras lee la pantalla iluminada del teléfono frente a mis ojos, marcando una distancia inmediata que contrasta de manera brutal con la cercanía física y la intensidad que compartíamos hace apenas un segundo sobre la cama.
–Parece que la urgencia del contrato no era la única emergencia que tenía pendiente esta noche, señor McLorenz, o tal vez se trata de alguien que no tolera ver que usted pasa demasiado tiempo fuera de su oficina vigilando mi trabajo –digo sentándome con lentitud en la orilla del colchón, con el cabello revuelto y el pecho subiendo y bajando con rapidez, intentando recuperar el control de mis expresiones y de la respiración agitada.
–Al parecer alguien más en el corporativo necesita de su atención urgente, o tal vez se trata de alguno de los inversionistas extranjeros que no puede conciliar el sueño sin revisar los números que usted y yo estuvimos analizando hasta hace pocas horas –añado con un dejo de sarcasmo en la voz, desafiando su repentino cambio de actitud mientras cruzo los brazos sobre mi pecho para cubrir la vulnerabilidad que siento.
Jason desliza el dedo por la pantalla con brusquedad, lee un mensaje corto con el ceño profundamente fruncido y guarda el aparato en el saco con una frialdad repentina que congela por completo la temperatura de la habitación, cambiando su postura y volviendo a adoptar con rigidez la armadura de director ejecutivo inflexible.
–Eso que acaba de pasar aquí esta madrugada fue un desliz totalmente imperdonable, un error absoluto propiciado por el cansancio extremo de estas últimas jornadas de trabajo y por la presión excesiva del proyecto que tenemos en puerta –afirma mirándome desde los pies de la cama con una severidad imponente que intenta borrar a la fuerza todo indicio de lo ocurrido entre nosotros.
–Las circunstancias nos arrastraron a un terreno completamente inadecuado que no volverá a repetirse jamás bajo ninguna circunstancia mientras mantengamos nuestra relación estrictamente laboral dentro de este edificio –sentencia con una firmeza calculada, tratando de convencerse a sí mismo tanto como a mí de que el beso nunca tuvo importancia.
–¿Un desliz? ¿Eso es exactamente todo lo que tiene para decir después de haberme besado de esa manera en mi propia recámara y haberme asegurado hace unos minutos que le importaba poco el corporativo y las reglas? –pregunto sintiendo cómo la rabia empieza a reemplazar al calor de hace unos segundos, mientras las manos me tiemblan de impotencia ante su repentina cobardía corporativa.
–Es muy fácil cruzar la línea del profesionalismo y después pretender que todo se trató de una simple confusión provocada por el exceso de trabajo y la fatiga acumulada en la oficina, pero yo no soy un juguete para sus conveniencias –le replico poniéndome de pie de inmediato para encararlo cara a cara, enderezando mi postura con toda la altivez que me queda.
–No piense por un solo segundo que esto ha cambiado absolutamente algo entre nosotros, señorita Alice, porque usted sigue siendo simplemente mi empleada temporal y yo sigo siendo su jefe directo dentro de la jerarquía de la empresa –espeta con la voz afilada y distante, cruzándose de brazos para marcar una barrera infranqueable entre nuestros cuerpos.
–Nuestra relación debe mantenerse estrictamente en el plano profesional y lo que sucedió en esta habitación se queda estrictamente archivado y olvidado desde este preciso instante, así que le sugiero que asuma su rol con la misma madurez que yo –añade con una suficiencia insoportable que me revuelve las entrañas y me hace desear golpearlo y besarlo al mismo tiempo.
–Quédese totalmente tranquilo, señor McLorenz, que tengo muy claro cuál es mi lugar dentro del organigrama y no pienso permitir que un momento de debilidad por mi parte se vuelva a repetir jamás con alguien como usted –le contesto manteniendo la barbilla en alto, conteniendo las lágrimas de frustración que amenazan con traicionarme.
–Le aseguro que mi profesionalismo está muy por encima de cualquier lapsus de juicio y que mañana en el despacho corporativo me comportaré exactamente como lo dicta el manual de conducta de la empresa, sin cruzar jamás la raya –afirmo mirándolo fijamente a los ojos oscuros, buscando algún rastro de arrepentimiento que sé que jamás admitirá en voz alta.
–Me alegra enormemente que estemos de acuerdo en eso, así que recoja sus papeles y mañana a primera hora la quiero puntual en el despacho contiguo al mío para continuar con los informes financieros que debemos entregar al consejo directivo –ordena dándose la vuelta hacia la puerta con pasos firmes y decididos, sin atreverse a mirarme a los ojos una vez más.
–No necesita recordarme mis obligaciones laborales, señor director, porque sé perfectamente lo que tengo que hacer con los documentos y con mi vida, así que la puerta está exactamente por donde entró para que pueda atender la supuesta emergencia de su teléfono –le contesto señalando la salida con desprecio, sintiendo cómo el aire de la habitación se vuelve irrespirable.
Jason sale del departamento dando un portazo seco que sacude violentamente las paredes de la recámara, dejándome completamente sola en la oscuridad con la respiración agitada, el cuerpo ardiendo de frustración y un torbellino de emociones imposibles de controlar.
