Diez

Regresó al día siguiente. La vida parecía volver a la normalidad. En solo unos minutos, Joseph curó la herida en el pie de Elsa. Ella miraba sus manos con asombro.

—¿Tienes todos los ungüentos en tus manos? —preguntó, desconcertada. Joseph respondió con su habitual sonrisa.

—Piensa lo que quieras....

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