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—Vamos, móntate—dijo él. Ella dudó antes de levantarse, y él se rió de su incertidumbre. Cuando ella se sentó sobre él, Robert no pudo contener su impaciencia.

—¡Date prisa, no puedo esperar!—Con un empujón fuerte, la guió hacia abajo, haciéndola jadear de dolor mientras las lágrimas corrían por su...

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