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—Señor, no puedo hacerlo aquí, señor, por favor— pero él no escuchaba. La ansiedad de ser descubierta me recorría y temblaba hasta el punto de colapsar, pero señor...

Cada azote resonaba en el suelo vacío, creando un ritmo electrizante que se sincronizaba con los movimientos profundos dentro de mí....

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