Capítulo 40 Una mentira

La mirada azulada la siguió en su recorrido hasta la puerta, una vez que Barbara abandonó el departamento, presionó un par de botones desde un teclado en la pared y aseguró la puerta, apretó los puños mientras se giraba con dirección al baño.

“Jamás te enamorarías de mí … Sí, algo así dirías, Regin...

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