Capítulo 5 Sosteniendola

El sol de esa mañana se sintió diferente de otras veces cuando despertó, su cama, estaba vacía. Giovanni y ella habían dormido juntos sin hacer nada mas que dormir, el, acababa de marcharse después de recibir una llamada no sin antes volver a besarla y reafirmarse como su dueño. Mirando el sol, no podía terminar de entender lo que estaba pasando, de pronto, un hombre millonario había puesto sus ojos sobre ella, acosándola en todo momento y gritando a los cuatro vientos que ella le pertenecía. Todo aquello seguía pareciendo una locura, pero ya no sabia si era Giovanni el demente, o lo era ella por dejarse llevar por todo eso.

Aun sentía las calientes y grandes manos del hombre sobre ella, sus labios carnosos besando los suyos, su aliento cálido chocando contra su cuello, y sus ojos salvajes desnudándola con la mirada, viéndola como si fuera un lobo a su presa, y a la vez, anhelándola tanto que lograba conmoverla.

Aquel había sido su primer beso, la primera vez que dormía con un hombre y la primera vez que alguien la tocaba de esa manera, logrando despertar una libido que no sabía que tenía. Un escalofrió la recorrió y un pronunciado sonrojo apareció en su rostro. Había dejado que ese hombre la tocara de esa manera tan intima, aun cuando no toco nada indebido, le había permitido hacerlo si se lo hubiera pedido. El sol que alcanzaba a apreciar desde su ventana, iluminaba el paisaje no tan lejano de las montañas, y Regina aun sentía las caricias de Giovanni sobre ella.

—Así que un hombre lobo — dijo sin poder creer semejante absurdo e ignorando a propósito las cosas que no podía explicar de ese hombre.

Tres golpes en su puerta la arrebataron de sus obscenos pensamientos con el hombre, y regresando a la realidad, se apresuro a abrir. Era su madre.

—¿Qué es lo quieres? — dijo la joven con frialdad al ver el deplorable estado de su madre.

—Dame dinero, necesito comprar mas — dijo la mujer con evidente aliento alcohólico.

Regina a punto de reñirla, guardo silencio al notar a su hermano menor observando todo desde la puerta con un semblante triste. Por supuesto, ella no tenia tiempo de pensar en Giovanni ni en nada más, Ennio la necesitaba.

—Vamos a bañarte, necesitas descansar — fue todo cuanto respondió a la mujer que le dio la vida.

Después de duchar y acostar a su madre, Regina sirvió el desayuno para ella y Ennio, era sábado, no tenia que ir a trabajar ese día, así que meditaba sobre que hacer para no tener que estar en casa.

—El Doctor Lombardo me hablo sobre eso, dice que mamá necesita rehabilitación — soltó repentinamente el niño sin dejar de mirar su plato de comida.

Regina guardo silencio.

—Creo que deberíamos llevarla, o terminara enferma — continúo diciendo el pequeño.

Regina suspiro, no podían darse ese lujo, los centros de rehabilitación eran costosos, algo que no podrían permitirse ni aunque lo quisieran, su pequeño sueldo y la pensión apenas alcanzaban para sobrevivir mes a mes, aquella posibilidad no estaba a su alcance.

—No te preocupes, vere que puedo hacer — respondió sonriendo a su hermano menor, pero sabiendo que lo que pedía no era posible.

El sonido del timbre los sorprendió a ambos, y Ennio, apresurándose a abrir creyendo que era el Doctor Lombardo, corrió hacia la puerta. Regina dejaba sus trastes sucios en el fregadero para lavarlos cuando sintió de nuevo aquel inconfundible aroma inundar sus fosas nasales.

—Regina, este señor vino a buscarte, dijo que es tu pareja — la voz y palabras de Ennio la hicieron dejar caer el plato que sostenía en sus manos para luego girarse para encontrarse con la mirada ladina de Giovanni. — ¿Por qué no me dijiste que tenias un novio? — cuestiono su hermano mirándola con suspicacia.

Regina se quedo sin habla durante un momento. ¿Qué demonios hacia allí tan temprano y llamando a la puerta como una persona normal?

—Ennio el no…

—Soy Giovanni Francesco, el novio de Regina pequeño lobo, y vengo a invitarla a salir, la feria esta en la ciudad y es una buena hora para acudir, quizás, pasemos por algo para desayunar primero…

—De ninguna manera, será mejor que te vayas — dijo Regina totalmente avergonzada frente a su hermano.

—¿La feria? ¡¿Puedo ir yo tambien?! — cuestiono demasiado entusiasmado Ennio.

—Por supuesto, vamos todos, no dejaría al hermanito de mi mujer atrás — respondió Giovanni logrando que un sonrojo severo se viera en el rostro de Regina.

—¿Tu mujer? — cuestiono Ennio alzando las dos cejas.

—¡Si la feria! Suena increíble, Ennio ve a cambiarte cariño — dijo Regina interrumpiendo la barbaridad que seguramente estaba a punto de decir ese hombre. Ennio, entusiasmado, corrió hacia su habitación para cambiarse.

—Sera un grandioso día, no escatimemos en gastos…

—¿Qué demonios te pasa? No digas cosas que pueden malentenderse a mi hermano — regaño Regina realmente molesta.

Giovanni noto aquella lagrima que se escapo del ojo de la joven y la tomo con unos de sus dedos mientras acariciaba el rostro de ella.

—Lo sabía, estas triste — dijo con seriedad el lobo.

—¿Cómo lo sabes? — cuestiono Regina.

Giovanni, sin dejar de acariciarla, la miro a los ojos.

—Ya te lo había dicho, nosotros estamos destinados a estar juntos, todo lo que tu sientas, yo lo sentiré, esto se debe al vinculo que nos une, es el lazo de unión que tenemos los lobos, y este lazo, solo se volverá mas fuerte una vez que te haga mía — dijo tomándola de la cintura.

Durante un momento, Regina sintió que se perdía de nuevo en esos ojos azules. Todo lo que decía le resultaba incomprensible, pero, algo había en sus palabras que la hacían creer a ratos que en verdad no mentía, que había algo de cierto en todo eso, pero, era obvio, nada de eso era verdad y ella estaba convencida de que se estaba metiendo en un lio demasiado grande de seguir por donde iban.

—No tienes porque temer Regina, yo, nací para ser tuyo, y tú, naciste para ser mía —

Apunto de besarlo, Regina se paro de puntitas sobre sus dedos para hacerlo. Giovanni era alto, apuesto, seductor, y aquel aroma que desprendía de su ser, la enloquecía. Sin poder contenerse, allí, en medio de su cocina, volvió a besarlo, pensando en que estaba allí, en ese momento en que nuevamente sentía su mundo caerse a pedazos…estaba allí, sosteniéndola.

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