Capítulo 6 Preguntas y respuestas

Aquella mañana, como comenzaba a hacerse costumbre, Giovanni despertaba una vez mas en su cama. El hombre insistía en dormir junto a ella, para impregnarla de su aroma antes de “su apareamiento”. Aquello era ridículo, demasiado para procesar y, por supuesto, no terminaba de entenderlo y mucho menos de acostumbrarse. Terminaba de hacer un gorro de aluminio, igual a los de una película de extraterrestres que vio una vez, esperando que con eso Giovanni no volviera a entrar en su mente.

Mirándolo dormir profundamente, Regina admiro demasiado la belleza sin igual del rostro de ese hombre demencial. Su rostro era perfecto, de facciones finas y hermosas, pero sin dejar de ser masculinas, sus músculos eran poderosos, su estatura demasiado privilegiada, y su cabello rubio platinado, casi blanquecino, ciertamente lo dotaba aun mas de una belleza rara y sobrenatural. Giovanni Francesco era un hombre hermoso, además, un influyente millonario, por ello era que toda aquella situación se sentía tan bizarra y extraña. Un hombre rico y demasiado apuesto simplemente decidió una noche aparecerse en su habitación para declarar que ella era suya, su alma gemela y demás disparates, hablando de marcarla, de aparearse y demás cosas que lo hacían sonar como si fuera un animal y todo ello tan solo por su aroma, según las palabras de Giovanni, ¿Qué en los nueve infiernos estaba pasando?, aquello se sentía tan irreal que seriamente pensaba en que en realidad, ella estaba amarrada en algún acolchado cuarto dentro de un psiquiátrico y todo eso solo era producto de su imaginación, y, ¡Que imaginación! Un caliente hombre lobo (supuestamente), millonario y tan atractivo como actor de película, juraba que ella era suya y prometía estar para siempre con ella…si, quizás era un cliché, pero si en verdad estaba en un manicomio se daba puntos por su creatividad.

Lo miro removerse en la cama y abrir sus ojos, que, nuevamente por un momento, parecieron amarillos y no azules como eran, entonces, Giovanni comenzó a olfatear…en definitiva estaba demente, aunque no sabía si era ella la loca o era él.

—Puedo olerlo— ronroneó casi como un felino. — Hueles a vainilla y flores salvajes, como a primavera — gruñó. — Es jodidamente delicioso, y tú, mi compañera, eres jodidamente deliciosa —

— ¿Entonces soy tu compañera porque huelo bien? — Preguntó escéptica.

Giovanni abrió los ojos y clavó su dorada mirada en ella, pegándola a la silla. — Claro que no. Es más profundo que el aroma, compañera. Cada vez que te veo, mi instinto grita ''ella es mía''. De nadie más sino mía. — Su mirada se reusaba a dejar la suya mientras se levantaba lentamente, acechándola. — Hace que quiera tomarte, tocarte, y volverte loca hasta que la última cosa que hagas sea gritar mi nombre. Y luego empezar todo una y otra y otra vez hasta que no puedas respirar sin sentir mi cuerpo contra el tuyo. — Él se arrodilló a sus pies, y descansó sus manos en las rodillas de ella.

Regina sentía su calor aún a través de las capas de tela separándolos.

— ¿Alguna otra pregunta, cariño? — cuestiono Giovanni.

La joven tragó duro, mientras que escalofríos recorrían todo su cuerpo y su corazón palpitaba locamente.

— Solo algunas— Chilló cuando sus pulgares comenzaron a acariciar sus rodillas. — ¿Hay una...? —

—Primero mi turno. — La interrumpió. Levantó la mano y pasó sus dedos gentilmente por debajo del sombrero de papel de aluminio. — ¿Por qué llevas esa cosa extraña de aluminio en la cabeza? Estoy seguro que no la llevabas anoche— señalo el extraño gorro que Regina llevaba puesto, ¿Qué creía que estaba en una muy mala película?

— He oído que, si cubres tu cabeza con él, mantendrá a otras personas fuera de tu mente — Confesó.

Giovanni se río entre dientes, y una sonrisa sombría se esparció en su cara. —Ah, compañera, esto no es una película mala para ver en un domingo aburrido — Dijo cariñosamente. — Este gorro de papel aluminio, que te hace ver como un chocolate, no hará diferencia, entiéndelo de una vez, no hay manera de que te escondas de mí — Sus manos se deslizaron por sus muslos, sus ojos azules se sentían más calientes que la lava. — ¿No lo entiendes? No hay nadie más para mí, para nosotros —.

Sus garras jugaban con el borde de su suéter. — Nunca podré dejarte ir. Si tú alguna vez te fueras, yo te perseguiría...sin descanso, y te forzaría a volver a mi lado, porque, eres mía — dijo el hombre en un susurro sensual que erizo cada vello en el cuerpo de la chica.

Regina sacudió su cabeza fuertemente, tratando de recuperar la razón. ¡Tenía que pensar racionalmente, lobos! ¡Esto no era inteligente! Ese hombre...ese caliente hombre, la hacia perder la cordura de formas en que nunca antes experimento…se estaba volviendo loca definitivamente, seguramente si estaba amarrada con una camisa de fuerza en algún manicomio, ¡Esto no podía ser real!

Ella trató de alejar su silla, trataba de mantenerse bajo control. Pero ¿Cómo podía estarlo cuando él estaba tan cerca diciéndole tales cosas?

—y te tomaría tantas veces que olvidarías el por qué alguna vez quisiste dejarme en primer lugar —

La mujer pelinegra frunció el ceño, algo de lucidez entraba finalmente en su nublada mente mientras Giovanni se daba cuenta de que su compañera, tenía una mente más poderosa de lo que creyó, pero estaba tirando hacia el lado contrario.

Ella no era así. No era el tipo de chica que se calentaba y se preocupaba por algunas palabras bonitas y conmovedoras. ¿Había algo mal en ella o era que Giovanni era un súper semental?

—Nada está mal contigo, compañera— Le informó el joven. —Tú eres mi compañera. No puedes controlar tu reacción hacia mí. Cuando me tocas, yo me siento igual. Giovanni se sentó sobre sus tobillos, frustrado con la tela de la ropa de la chica, y en lugar de intentar desnudarla, se pasó las manos por su propio pecho.

Regina dio un brinco hacia atrás, prácticamente encogiéndose en la mesa. — ¡Suficiente! ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Fuera! Giovanni se sentó con una hosca mirada, molesto de nuevo.

— Si ya acabaste, yo tengo algunas preguntas propias. La chica revisó su lista, tratando de recuperar el aliento. — Tengo algunas más. — Miró sin comprender su propia escritura, tratando de recordar cómo leer — Uhm... El joven se estiró y de un tirón le arrebató la lista de sus manos. — ¿Qué es exactamente el sentimiento de leída de mente? — Leyó él de la lista.

— Los lobos se refieren a ella como una fusión de mentes. Los compañeros pueden hacerlo entre ellos. Los alcanzas y eres capaz de hablarles y tocarles tan solo pensándolo — Giovanni le explicó, volviendo a revisar la lista.

— ¿qué es exactamente una compañera? — Leyó Regina rápidamente. Le dedicó una sonrisa.

— Estaría más que feliz de mostrarte qué es una compañera, cariño —

Ella lo contuvo colocando su pie en su pecho.

—No me hagas golpearte...por un rato intenta tomarme en serio y deja de mirarme como si fuera un sabroso filete — reprocho.

Giovanni soltó un gruñido por lo bajo.

—El destino les da a todos los lobos un compañero o compañera, la persona con la que están destinados a estar — Gruñó dejándose caer de nuevo sobre la cama. — Los lobos tienen compañeros como una manera de controlar la población lobuna. Es imposible para un lobo dejar a una hembra embarazada a menos de que sea su compañera — Él le lanzó una mirada contenida. — Los lobos tenemos grandes impulsos sexuales. Sin los compañeros, los lobos podrían superar la población humana, y eso, mi pequeña preguntona, va en contra de las leyes naturales — Le regaló otra sonrisa de satisfacción mientras se levantaba del suelo gruñendo.

Regina frunció el ceño, aquello era demencial.

— ¿Qué pasa si no encuentras a tu compañero? — Preguntó la chica, curiosa a pesar de preguntarse de sí debería asustarse por estar hablando con un lobo. Él se encogió de hombros.

—No estoy muy seguro, nunca he escuchado de algún lobo que no haya encontrado a su compañero. El destino los junta tarde o temprano, en mi caso, espere durante 500 años el encontrarte —

Regina alzó una de sus cejas al leer la lista. — ¿Cuantos años tienes? — Pensó por un momento.

—628, supongo, la verdad, no llevo un registro exacto, vivir durante tanto tiempo hace que te olvides de algunas fechas, imagina tener que apagar esa cantidad de velas en un pastel de cumpleaños, en el equivalente del deterioro del organismo en comparación con un ser humano, tengo 28 años humanos.

Regina se quedó con la boca abierta. — ¡Yo sólo tengo veinte! ¿La frase asalta cunas no significa nada para ti? Me ganas por mas de 500 años, debería denunciarte — dijo la chica.

—Los lobos crecen lentamente. Ya te lo dije, tengo alrededor de 28 años humanos — Giovanni dedicó una sombría mirada a la lista, preguntándose cuánto tiempo más duraría esto.

Una sonrisa engreída apareció en su cara mientras leía la última pregunta. — ¿A él le gusta...? — ¡No quería escribir eso! — La mujer pelinegra soltó un grito ahogado, tratando de alcanzar la lista maldiciéndose a sí misma. Giovanni la alejó de su alcance.

— Creo que esta es una pregunta válida, compañera. — Dijo inocentemente soltando unas risitas. Él sujetó el brazo que trataba desesperadamente arrebatarle la lista y mordisqueó su dedo. Le sonrío tan encantador como sólo él lo hacía. — No sólo me gusta— Le besó la palma. — Lo adoro. — Ronroneó, succionando el dedo con su boca. Lanzo la lista sobre su hombro, mientras su lengua jugaba con el dedo. — Yo también tengo algunas cosas que quiero preguntarle a mi compañera—

Dijo oscuramente antes de tirarla de la silla y tumbarla en el suelo, agarrándola rápidamente. Su cuerpo se cernió sobre el de ella, con las manos sujetas a ambos lados de los hombros. Su cabello plateado colgaba sobre su cuello, haciéndole cosquillas a ella en el pecho. Él se asomó, la luz de la habitación hacía que sus ojos se vieran como oro fundido.

Capítulo anterior
Siguiente capítulo