Capítulo 6 El primer paso
Lucas guardó silencio durante unos segundos. Continuó hablando a través de la línea telefónica antes de desviar la mirada. —Abuela, ya es tarde. Hablamos mañana —y la comunicación se cortó de manera unilateral.
Exhaló un largo suspiro, manteniendo el rostro imperturbable al notar a Cyril de pie, no muy lejos de él. —¿Acaso no te dije desde el principio que lo único que necesito es una madre para mis hijos?
—¿Así que solo soy un vientre para la familia Miller? —Los ojos de Cyril se cristalizaron. Por alguna razón, sintió una profunda opresión al asimilarlo.
—Eres mi esposa.
—Pero no suena como tal.
Lucas se acercó a ella hasta que solo quedó un único paso de distancia entre ambos. —Estás pensando demasiado.
—Me obligaron a casarme con un hombre al que ni siquiera le importa si soy feliz o no —la voz de Cyril comenzó a temblar—. ¿Acaso no tengo derecho a pensar?
Lucas soltó un bufido áspero. —No tengo tiempo para discutir.
Aquella frase oprimió aún más el pecho de Cyril. —Eres un miserable, Lucas.
Lejos de alterarse, Lucas clavó la mirada en su rostro durante un largo momento. —La realidad es que este miserable es tu esposo.
En un acto espontáneo, Cyril se quitó el anillo del dedo y se lo arrojó a Lucas. El objeto cayó con un tintineo seco sobre el suelo de mármol. —¿Crees que me importa?
La mandíbula de Lucas se tensó. El ambiente en la habitación se volvió asfixiante. Él se agachó para recoger el anillo despacio y se aproximó de nuevo a Cyril. —Puedes odiarme todo lo que quieras. —Lucas tomó la mano izquierda de Cyril—. Pero no vuelvas a quitarte este anillo jamás. —Deslizó la joya de vuelta en su dedo anular. Sus movimientos eran tan serenos que hacían parecer que el desplante de su esposa no había significado nada.
Precisamente eso fue lo que enfureció aún más a Cyril. Dejó escapar una risa amarga. —No todas las mujeres están dispuestas a vivir sin amor, Lucas.
Lucas la contempló sin pestañear. —¿Oh, así que quieres que te ame?
—No te hagas ilusiones —añadió de inmediato, antes de apartarse de ella.
Cyril desvió el rostro al instante, con el pecho agitado por la tormenta interna.
—¡Firma esto! —Lucas regresó con una hoja de papel en la mano.
—No quiero. —Cyril ni siquiera miró el documento que él sotenía; se negaba rotundamente a dirigirle la vista a ese hombre.
Sin embargo, Lucas le tomó la mano a la fuerza y le entregó el papel. —Lee antes de tomar una decisión.
Sin más remedio, Cyril bajó la mirada hacia la hoja. Recorrió con los ojos lo que estaba estipulado allí: "Acuerdo de matrimonio por contrato".
—Solo serán dos años, o hasta que des a luz al heredero de los Miller. Después de eso, serás libre de hacer lo que quieras —declaró Lucas.
—¿Y si me niego?
—Eso significaría que estás dispuesta a cambiarlo por la vida de tu novio o la de tu hermano.
Los ojos de Cyril se abrieron de par en par. —Maldito. Me estás amenasando, Lucas. —Comenzó a golpear el pecho de Lucas una y otra vez con desesperación—. Estás loco. Los Miller están llenos de desequilibrados.
Lucas permaneció firme como una roca; los golpes de Cyril no eran más que picaduras de mosquito para él. Acto seguido, atrapó las diminutas manos de su esposa y la sujetó por la cintura. —Esto es una transacción. Ambos salimos ganando.
Con total osadía, Lucas selló los labios de Cyril en un beso, aprisionando su nuca para impedir que lo esquivara. Al separarse, dictaminó: —Tu plazo límite es esta noche. Mañana por la mañana tendré que tener tu firma, o de lo contrario, el alma de tu querido amante abandonará su cuerpo.
Con cierta brusquedad, Lucas la empujó levemente. Dio un paso atrás y esbozó una sonrisa ladina. —Ni se te ocurra intentar escapar, porque tengo ojos por todas partes. —Tras decir esto, dio media vuelta y salió de la habitación.
Cyril, jadeante, se limpió de inmediato el rastro del beso de Lucas de los labios. —Infeliz, demente, asesino —gritó con furia.
Apretó los puños con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Mientras clavaba la mirada en la puerta, sentenció: —Te juro que haré que te arrepientas de haberme arrastrado a tu juego, Lucas Miller.
La mañana en la mansión Miller se sentía gélida, a pesar de que la luz del sol inundaba el gran balcón de la habitación. Cyril permanecía con la mirada baja, observando el anillo en su dedo. El aire matutino era bastante fresco, pero desde la noche anterior, su mente no había tenido descanso.
En ese momento, la puerta de la habitación se abrió. Lucas entró mientras se despojaba de su saco negro. Su mirada se dirigió de inmediato hacia Cyril, que seguía estática cerca de la ventana.
—¿Ya despertaste?
Cyril mantuvo los labios firmemente cerrados. Le dio la espalda y volvió a concentrar su atención en el exterior.
Lucas se acercó unos pasos. —¿No vas a bajar a desayunar?
—No tengo hambre.
—Tienes que comer. —Aquel tono plano sonó más como una orden que como una muestra de preocupación.
Cyril soltó una risilla carente de humor. —¿Tienes miedo de que tu futuro heredero pase hambre?
Lucas giró sobre sus talones, observando a Cyril con el rostro impasible y las manos metidas en los bolsillos del pantalón. —¿Ya firmaste el acuerdo?
—Una relación basada en papel y tinta... ¿estás seguro de que funcionará?
Antes de que pudiera responder, llamaron a la puerta. Una mujer de mediana edad entró portando una bandeja con el desayuno.
—Disculpe, señor Miller. La señora Miller debe tomar sus vitaminas —anunció la mujer con cortesía.
Cyril volteó y frunció el ceño. —¿Vitaminas?
La sirvienta colocó la bandeja sobre una mesa pequeña cerca del sofá. —Son suplementos para el embarazo, enviados por el médico de la familia Miller.
La mirada de Cyril se clavo de inmediato en Lucas. El hombre parecía imperturbable. —Qué rapidez —la voz de Cyril sonó baja pero punzante—. Ni siquiera he aceptado todavía.
Lucas caminó hacia la mesa y tomó el frasco de vitaminas. —A mi familia no le gusta esperar, ¿y acaso tienes opción a negarte? —Le tendió el frasco a su esposa—. ¿O prefieres que te muestre cómo se encuentra tu novio en este momento? Solo para confirmar de lo que soy capaz después de que se atrevió a dispararme.
El cuerpo de Cyril se tensó por completo. —¿Qué le hiciste a Erick? —Tiró de la camisa de su esposo, sosteniéndole la mirada con severidad.
—Firma, o asistirás a su funeral esta misma tarde. Sabes perfectamente que nunca bromeo, mi esposa.
