Capítulo 6: Una bifurcación en el camino
Los días siguientes a la noticia de Peter se sintieron como una eternidad para Jake. Cada amanecer traía consigo una renovada sensación de esperanza, solo para ser aplastada bajo el peso de sus preocupaciones. Se movían a través de sus rutinas en una extraña neblina, compartiendo comidas y momentos tranquilos, pero la tensión subyacente entre ellos era palpable. Jake podía sentir que los muros que habían trabajado tan duro para derribar comenzaban a levantarse de nuevo, ladrillo a ladrillo.
Peter se había vuelto más retraído, atrapado en un torbellino de pensamientos sobre su futuro. Jake respetaba su necesidad de espacio, pero el silencio se sentía como una barrera insuperable, una que amenazaba con romper la conexión que habían reconstruido con tanto esfuerzo. Cada vez que Jake veía a Peter perdido en la contemplación, su corazón se encogía con el miedo de lo que estaba por venir.
El día de la fecha límite de Peter, Jake se despertó temprano, con un nudo de ansiedad apretándose en su estómago. Miró al techo, su mente acelerada. Sabía que necesitaban hablar, enfrentar la realidad de su situación, pero las palabras lo eludían. ¿Qué podría decir que cambiara la decisión de Peter? Se sentía impotente, como si el curso de su relación estuviera fuera de su control.
Cuando el sol se hundió bajo el horizonte, proyectando un cálido resplandor a través de la ventana de la sala, Jake encontró a Peter sentado en el sofá, su mirada fija en un punto distante afuera. Tomando una respiración profunda, Jake se acercó con cautela, su corazón latiendo con fuerza.
—¿Podemos hablar? —preguntó, su voz firme pero suave.
Peter se volvió hacia él, un destello de vulnerabilidad cruzando su rostro.
—Sí, creo que necesitamos hacerlo —respondió, palmeando el lugar a su lado. Jake se sentó junto a Peter, sus hombros tocándose, un leve recordatorio del calor que habían compartido solo unos días antes.
—¿En qué estás pensando? —preguntó Jake, la pregunta colgando pesadamente en el aire.
Peter se tomó un momento, sus dedos jugueteando nerviosamente.
—He estado yendo y viniendo toda la semana. Una parte de mí quiere aceptar el trabajo en Nueva York. Es una gran oportunidad, y he trabajado duro para ello —comenzó, su voz teñida de incertidumbre—. Pero no quiero perderte, Jake. Tú significas todo para mí.
Jake sintió una oleada de emoción ante las palabras de Peter.
—Tienes que hacer lo que sea mejor para ti, pero no puedo evitar sentir que si te vas, puede que no lo superemos. Las relaciones a distancia son difíciles, y no quiero volver a sentir que somos extraños otra vez.
—Lo sé —dijo Peter, su voz quebrándose ligeramente—. Lo he visto pasar demasiadas veces, y eso también me aterra. Pero esta es una oportunidad para crecer profesionalmente, para hacer algo que siempre he querido. Se siente como un paso atrás si no lo tomo.
El corazón de Jake se hundió ante la perspectiva de que Peter se fuera, sus miedos resurgiendo con renovada intensidad.
—No quiero detenerte, pero tampoco puedo fingir que esto no cambiaría todo entre nosotros. Apenas hemos vuelto a un buen lugar. No puedo perderte otra vez.
Peter suspiró, pasándose una mano por el cabello con frustración.
—No se trata solo de ti o de mí. Se trata de mi carrera y de lo que quiero para mi vida. Pero tampoco puedo ignorar lo que tenemos.
El silencio los envolvió, el peso de sus palabras colgando en el aire. Jake luchó por mantener sus emociones bajo control, sintiendo las lágrimas asomar en las esquinas de sus ojos.
—¿Y si intentamos hacerlo funcionar? —sugirió, su voz temblando—. Podría visitarte en Nueva York, o podríamos encontrar una manera de mantenernos conectados. Podemos programar llamadas o videollamadas. Lo haremos funcionar de alguna manera.
La expresión de Peter se suavizó, y tomó la mano de Jake.
—Quiero creer eso. Realmente quiero. Pero es difícil pensar en estar separados, incluso temporalmente. No quiero sentir que estoy eligiendo entre mi carrera y nuestra relación.
—Tal vez no tenga que ser una elección —instó Jake, su corazón latiendo con desesperación—. Podemos estar ahí el uno para el otro mientras perseguimos nuestros sueños. El amor puede ser flexible si ambos nos comprometemos a ello.
Peter miró sus manos entrelazadas, un destello de esperanza cruzando su rostro.
—Tienes razón. Pero, ¿y si me voy y se vuelve demasiado? ¿Y si empezamos a distanciarnos?
—Tendremos que trabajar duro para evitar eso. Ya hemos enfrentado tanto juntos; creo que podemos superar esto también —respondió Jake, su convicción creciendo—. Pero necesito saber que estás dispuesto a luchar por nosotros.
Peter asintió lentamente, sus ojos buscando seguridad en el rostro de Jake.
—No quiero perderte. Quiero que prosperemos, no solo sobrevivamos. Quiero estar contigo, pero también quiero tener éxito en mi carrera. Tal vez podamos hacerlo funcionar, si ambos ponemos el esfuerzo.
Jake sintió un rayo de esperanza ante las palabras de Peter.
—Eso es todo lo que pido. Podemos ser un equipo, sin importar la distancia. Solo porque estés en otra ciudad no significa que no podamos estar ahí el uno para el otro.
Una pequeña sonrisa se dibujó en los labios de Peter, reflejo del calor que los había unido en primer lugar.
—Está bien. Estoy dispuesto a intentarlo. Pero necesito que me prometas que no te rendirás con nosotros, sin importar lo difícil que se ponga.
—Lo prometo —dijo Jake, su voz firme con determinación—. Estamos en esto juntos, ¿recuerdas? Podemos enfrentar cualquier cosa mientras seamos honestos el uno con el otro.
Con el peso de su decisión flotando en el aire, se acercaron más, sus frentes descansando una contra la otra. En ese momento, Jake sintió un profundo sentido de conexión, los hilos invisibles de su vínculo fortaleciéndose a pesar de la incertidumbre que se avecinaba.
Los días siguientes fueron un torbellino de emociones mientras Peter hacía arreglos para su traslado y Jake se enfocaba en prepararse para el nuevo capítulo de sus vidas. Pasaron cada momento libre juntos, asegurándose de crear recuerdos duraderos que llevarían consigo cuando la distancia finalmente se interpusiera.
La última noche de Peter en la ciudad, salieron a dar un largo paseo junto al río, el sol poniéndose detrás de ellos, proyectando un tono dorado sobre el agua. Compartieron historias, recordando sus momentos favoritos, las risas resonando en la quietud de la noche.
Al llegar a un lugar tranquilo con vista al horizonte, Peter se volvió hacia Jake, sus ojos brillando con lágrimas no derramadas.
—No puedo creer que esto esté pasando. Se siente tan irreal —dijo, su voz apenas un susurro.
—Lo sé. Es un gran paso, pero creo en nosotros —respondió Jake, su corazón doliendo ante la idea de decir adiós—. Solo prométeme que me mantendrás al tanto. Quiero saber todo: tu nuevo trabajo, la ciudad, tus aventuras. No quiero perderme nada.
Peter asintió, abrazando a Jake con fuerza.
—No lo harás. Lo prometo. Siempre serás mi prioridad, sin importar dónde esté.
Se quedaron allí, envueltos en los brazos del otro, saboreando los últimos momentos de su tiempo juntos en la ciudad que había sido testigo de su historia de amor. La noche estaba tranquila, pero el peso de sus emociones hablaba en silencio mientras se prometían valorar el amor que habían luchado tanto por recuperar.
Al separarse, Jake miró profundamente a los ojos de Peter, buscando la seguridad que necesitaba.
—Te amo —dijo, su voz firme a pesar del temblor en su corazón.
—Yo también te amo, más de lo que jamás sabrás —respondió Peter, una sonrisa rompiendo la tensión.
Y mientras estaban bajo las estrellas, el mundo a su alrededor se desvaneció, dejando solo a los dos, unidos por el amor y la esperanza. Sabían que el camino por delante estaría lleno de desafíos, pero también sabían que juntos, podían enfrentar cualquier cosa que la vida les arrojara.
Con un beso final, sellando su promesa mutua, se alejaron del borde del río y se volvieron hacia el futuro, cada uno listo para abrazar lo desconocido, con el amor iluminando el camino.
