Capítulo 7: Entre dos mundos
Los días se convirtieron en semanas, y las semanas en meses mientras Jake se adaptaba a la nueva realidad de una relación a distancia con Peter. La emoción inicial de su promesa mutua a menudo se veía eclipsada por la añoranza y la soledad que se colaban en los momentos más inesperados. Cada noche, Jake se encontraba acostado en la cama, el espacio a su lado frío y vacío, reflejando la ausencia del hombre que se había vuelto tan integral en su vida.
Peter se había instalado en su nuevo trabajo en Nueva York, demostrando rápidamente ser un activo valioso para su equipo. A menudo hablaba con entusiasmo sobre sus proyectos, sus ojos brillando con pasión mientras compartía los detalles de su día. Pero no importaba cuán exitoso fuera, la distancia se sentía como un abismo que se ensanchaba con cada día que pasaba.
Los fines de semana, Jake se sumergía en actividades para distraerse de la soledad. Pasaba más tiempo con amigos, visitaba a su familia y trataba de involucrarse en nuevos pasatiempos, pero nada parecía llenar el vacío dejado por la ausencia de Peter. Las llamadas telefónicas y las videollamadas se convirtieron en su salvavidas, aunque a menudo dejaban a Jake sintiéndose más aislado. Escuchar la voz de Peter era un consuelo, pero también un recordatorio de lo que estaba perdiendo.
Una noche de viernes, después de una semana particularmente larga en el trabajo, Jake se encontró revisando fotos antiguas de ellos juntos. Se detuvo en una foto de su viaje a la playa el verano pasado, donde se habían reído hasta que les dolieron los costados, el sol poniéndose detrás de ellos en un estallido de color. El recuerdo era agridulce, tirando de su corazón mientras anhelaba recrear esos momentos.
Con un suspiro, tomó su teléfono y marcó el número de Peter. Sonó varias veces antes de que Peter contestara, su voz iluminándose al instante.
—¡Hola, cariño! ¿Cómo estás?
Jake forzó una sonrisa, aunque no llegó a sus ojos.
—Hola, lo de siempre. ¿Cómo te trata Nueva York?
—¡Es increíble! Me encanta la energía aquí. Hay tanto que hacer, y mi equipo es genial —dijo Peter, su entusiasmo evidente—. Pero te extraño como loco.
—Yo también te extraño —respondió Jake, sintiendo cómo el dolor en su corazón se intensificaba—. Estaba mirando algunas fotos de nuestro viaje a la playa. Parece que fue hace una eternidad.
—Dios, desearía que pudiéramos volver allí ahora mismo —dijo Peter con nostalgia—. Planeemos algo pronto. Podría ir a visitarte, o tú podrías venir aquí. Lo resolveremos.
—Sí, deberíamos —concordó Jake, aunque la idea de viajar le parecía abrumadora—. A veces es difícil, ¿sabes? Siento que estoy viviendo dos vidas diferentes.
—Lo entiendo —dijo Peter, su voz suavizándose—. Pero seguimos en esto juntos. El hecho de que estemos separados no significa que no seamos un equipo.
Jake asintió, aunque Peter no podía verlo.
—Lo sé, pero es difícil. Siento que me estoy perdiendo mucho de tu vida. Estás experimentando todas estas cosas nuevas, y yo solo estoy aquí.
—Te prometo que eres parte de todo lo que hago. Pienso en ti todo el tiempo —le aseguró Peter—. No cambiaría lo que tenemos por nada.
Jake sintió un destello de calidez ante las palabras de Peter, pero la soledad persistente era difícil de sacudir.
—Solo desearía que pudiéramos encontrar una manera de hacerlo sentir más... real.
—Planeemos una visita. Podemos hacer que sea una semana entera —sugirió Peter, su emoción palpable—. Podemos explorar la ciudad juntos. Te mostraré todos mis lugares favoritos, y crearemos nuevos recuerdos.
Jake dudó, una ola de ansiedad lo invadió.
—Eso suena genial, pero ¿y si solo hace que la distancia sea más difícil? ¿Y si llego allí y solo amplifica cuánto te extraño cuando me vaya?
El tono de Peter cambió, serio pero comprensivo.
—No puedo prometer que será fácil, pero necesitamos seguir intentándolo. Cada visita ayudará a cerrar la brecha. Somos más fuertes juntos, incluso si estamos separados.
Respirando hondo, Jake asintió, aunque todavía se sentía conflictuado.
—Está bien, hagámoslo. Planeemos un viaje.
La conversación cambió a la logística, y mientras hablaban sobre posibles fechas, Jake sintió un renovado sentido de esperanza. Planear la visita le ayudó a imaginar un futuro donde podrían cerrar la distancia, aunque solo fuera temporalmente.
En las semanas siguientes, trabajaron en los detalles del viaje de Jake a Nueva York, cada conversación alimentando su emoción. A medida que se acercaba el día, Jake se encontraba oscilando entre la anticipación y la ansiedad, preocupado por cómo se sentiría estar con Peter de nuevo después de tanto tiempo.
Finalmente, llegó el día. Jake empacó sus maletas con cuidado, eligiendo sus atuendos favoritos, queriendo lucir lo mejor posible. Llegó al aeropuerto, su corazón latiendo con una mezcla de emoción y aprensión. El vuelo pareció durar una eternidad, y cada minuto se sintió como una eternidad mientras imaginaba el momento en que volvería a ver a Peter.
Cuando finalmente aterrizó en Nueva York, bajó del avión, la energía bulliciosa de la ciudad lo abrumaba. Navegó por el aeropuerto, su corazón latiendo con fuerza mientras se dirigía a la salida, donde Peter había prometido encontrarse con él.
Al salir, vio a Peter apoyado en una columna, sus ojos escaneando la multitud. Cuando sus miradas se encontraron, el tiempo pareció detenerse. El corazón de Jake se elevó mientras corría hacia los brazos de Peter, la calidez y familiaridad envolviéndolo como un abrazo perdido hace mucho tiempo.
—¡No puedo creer que estés aquí! —exclamó Peter, sus ojos brillando de alegría mientras abrazaba a Jake con fuerza.
—Te extrañé tanto —murmuró Jake, enterrando su rostro en el hombro de Peter, inhalando el aroma familiar que había anhelado durante su tiempo separados.
Al separarse, Peter miró profundamente a los ojos de Jake, la conexión entre ellos sintiéndose más fuerte que nunca.
—Bienvenido a Nueva York. Tengo tanto que mostrarte.
Los siguientes días fueron un torbellino de actividades. Exploraron lugares emblemáticos, se deleitaron con la diversa escena culinaria de la ciudad y pasearon por parques llenos de flores en flor. Cada momento juntos se sentía precioso, recordándole a Jake el amor que compartían y los recuerdos que aún podían crear a pesar de la distancia.
Sin embargo, mientras recorrían las bulliciosas calles, Jake no podía sacudirse la sensación de fatalidad inminente. Apreciaba cada segundo con Peter, pero no podía escapar de la realidad de que su tiempo juntos era limitado. Cada día era un recordatorio de la cuenta regresiva hacia su inevitable despedida.
En la última noche de la visita de Jake, se encontraron en la azotea de un bar, con vistas al brillante horizonte. Las luces de la ciudad brillaban como estrellas, y la brisa fresca se sentía refrescante mientras bebían cócteles, deleitándose con la belleza del momento.
—Este lugar es increíble —dijo Jake, contemplando la vista impresionante—. Gracias por mostrarme todo.
Peter sonrió, su mirada fija en Jake.
—Quería que este viaje fuera especial. Quiero que veas la vida que estoy construyendo aquí, y quiero que seas parte de ella.
El corazón de Jake se hinchó con las palabras de Peter, pero la realidad inminente de su separación colgaba pesadamente en el aire.
—Desearía poder quedarme más tiempo. Se siente tan perfecto ahora.
Peter extendió la mano a través de la mesa, tomando la mano de Jake.
—Yo también lo deseo. Pero resolveremos esto. Solo necesitamos seguir apoyándonos, sin importar dónde estemos.
Mientras hablaban, Jake sintió una mezcla de gratitud y tristeza. Estaba agradecido por el tiempo que habían compartido, pero la idea de dejar a Peter atrás lo llenaba de temor.
—Prométeme que nos mantendremos fuertes —dijo, su voz temblando—. No quiero perder lo que tenemos.
—Lo prometo —respondió Peter con sinceridad, apretando la mano de Jake—. Estamos en esto juntos, sin importar la distancia.
Compartieron un momento de silencio, sus manos entrelazadas, sintiendo la conexión que siempre los había atraído el uno al otro. Pero a medida que avanzaba la noche, Jake no podía sacudirse el sentido de pérdida inminente que pesaba en su corazón.
A la mañana siguiente, mientras Jake empacaba sus maletas, la realidad de su separación inminente lo golpeó con fuerza. Cada artículo que colocaba en su maleta se sentía como un recordatorio de lo que estaba dejando atrás. La calidez de la presencia de Peter pronto sería reemplazada por la soledad de su apartamento vacío.
En el aeropuerto, se pararon frente al control de seguridad, la tensión palpable en el aire. Jake trató de contener las lágrimas mientras enfrentaba a Peter, sabiendo que esto era todo por ahora.
—No quiero decir adiós —dijo, su voz quebrándose.
Peter lo abrazó con fuerza, sosteniéndolo cerca como si intentara protegerlo del dolor de la separación.
—No es un adiós, solo un hasta luego —susurró, su voz llena de calidez y sinceridad.
—Te amo —murmuró Jake, sintiendo las lágrimas deslizarse por sus mejillas.
—Yo también te amo, siempre —respondió Peter, apretando su agarre por un momento más antes de soltarlo.
Con el corazón pesado, Jake se dio la vuelta y caminó hacia el control de seguridad, cada paso sintiéndose como una fractura en su alma. Miró hacia atrás una última vez, encontrando la mirada de Peter, una promesa silenciosa pasando entre ellos de que lucharían por su amor, sin importar la distancia.
Mientras Jake abordaba el avión, sintió el peso del mundo sobre sus hombros. Sabía que su viaje estaba lejos de terminar, pero también sabía que el amor que compartían valía cada desafío que enfrentarían.
