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Duncan

Mis puños conectaron con su nariz y una salpicadura de sangre me manchó la cara. No me importaba. Iba a hacer que hablara o destruiría cada hueso de su cuerpo.

—No me gusta ser violento, pero me estás obligando —dije, golpeándolo de nuevo, esta vez en la sien.

—Habla. ¿Quién te envió?...

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