Cruzando líneas

Eva se había ido antes de que él despertara. La realización golpeó a Finn con fuerza, un peso hundiéndose en su pecho. Aquí estaba él—un barman apenas sobreviviendo—despertando en la cama de Eva, la mujer más poderosa del país. Su pulso se aceleró, el pánico se apoderaba de él. ¿Y ahora qué? ¿Qué significaba todo esto?

Sus ojos recorrieron la habitación como buscando respuestas. Se movió hacia la cómoda, viendo su ropa doblada cuidadosamente en una silla. La vista le hizo retorcer el estómago. Sus manos, o tal vez las de alguien más, habían hecho esto. Se puso la camisa, con los dedos temblorosos mientras luchaba con los botones. Destellos de la noche anterior pasaban como un carrete roto en su mente—sus ojos, penetrantes e indescifrables, fijos en los suyos. ¿Deseo? ¿Curiosidad? ¿Diversión? No podía decirlo. Y eso le asustaba.

Mientras se inclinaba para atarse los zapatos, la habitación se sentía demasiado grande, demasiado silenciosa. ¿Por qué se fue? Trató de sacudir el pensamiento, pero se aferraba a él como los últimos rastros de su perfume, aún débil en el aire.

La respiración de Finn se entrecortó. Se sentía como un peón en un juego que no entendía. Ese es su mundo, ¿verdad? Juegos de poder, movimientos calculados hasta el más mínimo detalle. No pertenecía aquí, no en su mundo de riqueza y estrategia. El pensamiento se enroscaba, la ansiedad lo desgarraba. ¿Y si solo soy una distracción momentánea?

Su pecho se tensó de nuevo mientras las piezas se negaban a encajar. Una cosa estaba dolorosamente clara—no tenía el control, y había cruzado una línea que nunca podría descruzar. El peso de esa realización lo aplastaba, una mezcla de euforia y ansiedad girando dentro de él. Se sentía expuesto, vulnerable, enredado en un mundo que no entendía, y eso lo aterrorizaba.

Había probado su dulzura—la dulzura de sus labios, el calor de su cuerpo presionado contra el suyo—y en ese abrazo embriagador, se habían perdido completamente. Eran dos extraños envueltos el uno en el otro, rindiéndose a una noche de pasión desenfrenada, rompiendo barreras que ni siquiera sabía que existían. Sentía como si hubieran explorado las profundidades del otro de maneras que trascendían la mera conexión física, compartiendo una intensidad que lo dejaba sin aliento y desconcertado.

—¿Pero por qué me eligió a mí? ¿De qué se trató realmente anoche?—se preguntó Finn, la frustración burbujeando dentro de él. Su mente giraba en círculos, luchando con las abrumadoras preguntas cuando un repentino golpe en la puerta lo sacó de sus pensamientos. Su respiración se detuvo en su garganta mientras dudaba, su mano flotando sobre el pomo.

Finalmente abrió la puerta para encontrar a una joven de pie allí, equilibrando una bandeja de desayuno—café, pasteles y algunos otros artículos.

—Para usted—dijo ella con una sonrisa educada, colocando la bandeja en la mesa central antes de desaparecer tan rápido como había llegado.

Finn se quedó allí, mirando el desayuno, su estómago rugiendo pero su mente aún dando vueltas. Se hundió en una silla, su corazón latiendo con fuerza.

—¿Qué acaba de pasar?—murmuró para sí mismo—. Eva se fue mientras dormía... Ni siquiera se quedó para explicar por qué me trajo aquí. ¿Soy solo una especie de aventura para ella?

Miró la bandeja, el café humeando de manera tentadora, pero todo lo que sentía era confusión y tensión.

—Solo soy un barman. ¿Cómo puedo estar aquí, en su mundo, así?—Su mente corría, profundizando en el caos—. ¿Por qué me dejé llevar? Dios, soy un idiota. ¿Cómo pensé que podría manejar esto?

Finn se frotó la nuca, luchando contra el torbellino de emociones.

—Ella debe verme solo como un momento pasajero... o peor, un juego. ¿Qué dice eso de mí?—El desayuno permanecía intacto, el peso de la noche anterior cayendo sobre él—. ¿En qué estaba pensando?

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