Entre triunfos

El teléfono de Eva no había dejado de sonar desde que regresaron a la suite. Estaba sentada con las piernas cruzadas en el sofá de felpa, con su laptop abierta frente a ella y el teléfono pegado a su oído. Su rostro estaba iluminado de alegría mientras manejaba llamadas de colegas, inversores y soci...

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