Capítulo 2 Huracán Victoria
La sede central del Grupo Enterprises se alzaba en el corazón de la ciudad de Lioren como un monumento al poder y la tecnología. Al llegar, todos hacían enormes filas para recibirlo con una leve reverencia.
—Buenos días, señor Valdez. —Saludó su recepcionista con una tono coqueto, el cuál Lian sólo asintió con la misma expresión seria, caminó hasta el elevador, miró su reloj de muñeca, las puertas metálicas se abrieron y entró; por fortuna, nadie llegaba tarde, era su día de suerte.
Unos cinco minutos después, llegó hasta el piso quince, su piso, extendió el brazo con que sostenía su portafolio, uno de sus asistentes lo agarró en el aire con sus manos, Lian caminó en medio de un pasillo hasta llegar a su oficina. Entró y se despojó de su abrigo, se arremangó las mangas hasta los codos y se sentó sobre su silla rodante, dió una vuelta y recostó la cabeza en la cabecera de la silla, cerró los ojos y respiró hondo, el olor a plástico, metal, a pilas, a instrumentos, se habían convertido en su olor favorito en este mundo ajeno a él.
Se incorporó y al abrir los ojos justo al frente de él estaba la creación más realista que había hecho, llevaba cinco años trabajando en ella, en una AI, un prototipo con silicona, haciéndola lo más realista a una mujer…
Se quedó por un segundo quieto, mirándola de pies a cabeza, estaba contento, si la ponían al lado de una mujer dormida, no habría mucha diferencia. Pero, el prototipo todavía necesita algunas mejoras, sobre todo las estéticas.
Tomó un interruptor sobre la mesa, y presionó el botón rojo. Enseguida, la Robot abrió los ojos, miró a su alrededor sin mover la cabeza y por último, miró a Lian, sentado frente a ella.
—Buenos días, Lian. —saludó, con un tono suave, dulce…
Lian sonrió, y se relajó, era la primera vez que se despertaba y no emitía sonidos de falla; relajó sus hombros, luego, sobre la mesa tomó una caja diminuta, la abrió y sacó un audífono, lo puso en su oído, y se recostó.
—Buenos días, Isadora.
Después de ese gran avance, Lian pasó toda la mañana revisando la zona lumbar, para verificar que la estabilidad gravitacional, cuando la puerta de su oficina se abrieron automáticamente.
—Señor, aquí le traje los documentos que me pidió esta mañana —tiró el bloque de papel sobre la mesa, soltando el peso de sus brazos, se masajeó el hombro derecho.
Lian se quitó el audífono con el que se comunicaba con Isadora, y miró el papeleo. —¿Por qué no me los mandaste por correo?
Lucía, su asistente, negó con una expresión de cansancio. —¡¿Sabe lo que costó conseguir estos papeles?! tuve que ir al sótano.
—Y por eso mismo imaginé que lo harías por correo. —parecía obvio, pero, si lo pones del lado de Lucía, no lo era.
Lian se levantó y comenzó a ojear las carpetas. Mientras tanto Lucia le echó un vistazo a Isadora, estaba despierta, mirando a un punto fijo, se puso al frente con los brazos cruzados.
—Es…
—¿hermosa? —Lian siguió la frase.
—Iba a decir aterradora. —corrigió Lucía, movida por la curiosidad, llevó su dedo a la punta de su nariz. —Es realmente aterrador.
—Si eso significa genial, lo tomo.
Lucia hizo una mueca. —¿Y ya habla?
—Lo básico, saluda. Todavía no le descargo más capacidad, quiero enfocarme primero en los movimientos, todavía tengo muchas fallas en eso.
Lucía tomó la barbilla de la robot y giró la cabeza aún lado. —Es casi igual que en tus dibujos…
Lian detuvo el movimiento de las manos con las carpetas, volvió a poner la cara como estaba. —De verdad que eres un maldito genio, deberías trabajar para la nasa y no para la casa blanca.
Lian soltó un suspiró puso el bloque de peles a un lado de la mesa, y se dió la vuelta para mirar a sus asistente, cruzó los brazos y recostó la amistad del torso sobre la orilla de la mesa. —La nasa trabaja para la casa blanca.
—No te creas esta mentira, la nasa trabaja para la ciencia.
—¿Y quién crees que financia todo eso?
—Como digas. —Lucía se dirigió a la puerta, ya antes de retirarse recordó algo muy importante y se detuvo justo en medio del pasillo. —Por cierto, el huracán Victoria —así era el apodo que le tenían a la segunda hija de la familia Sanz —llamó cinco veces esta mañana.
—Sólo dile que le devolveré la llamada a la hora del almuerzo. —Y así era cómo se salvaba siempre de ella.
—Demasiado tarde —Lucía negó, apoyando sus manos sobre la puerta —Hace unos minutos llamó para avisar que ya estaba llegando al edificio para confrontarse.
—¿QUE?
—¿He?
—¿Cómo que he? ¿se puede saber por qué no me lo dijistes?
—Bueno es que si te lo decía ibas a huir.
—Bueno, es exactamente lo que hago siempre ¿no? —Lian miró su reloj en la pared, tomó su abrigo con prisa y se dispuso a salir.
—Ni creas que vas a huir. —Lucía se interpuso en medio de él y la puerta.
—Lucia, quítate —le ordenó.
Ella negó, —De hecho, ya llegó.
Justo en ese segundo las puertas del ascensor se abrieron, ambos voltearon hacia atrás, mirando con terror la imagen de una mujer de tamaño promedio, llevaba gafas de sol aunque dentro del edificio la luz era fría, vestía una minifalda y un top que no le llegaba ni a la mitad del ombligo, con un abrigo de pelaje sintético color blanco.
Con un gesto seco y rápido de la mano, le indicó a Lucía que saliera de inmediato, con rapidez empujó a Isadora dentro de un closet escondido dentro de la pared y regresó a su puesto antes de que el huracán entrara en el despacho.
—¡Lian! —La mujer entró sin invitación, empujando la puerta de golpe.
Miró a Lian sentado en su silla, con su atención puesta en su tablet. Hizo un gesto de fastidio y se quitó el abrigo dejándolo sobre el mueble al lado de la puerta.
—Lian… —hizo un puchero y corrió con los brazos extendidos —¡Se puede saber por qué no me respondiste los mensajes ni las llamadas!...
Lian se levantó de golpe para ignorar su abrazo y siguió mirando su tablet.
—¡Lian!
—Ah hola Victoria… No me di cuenta que estabas aquí.
—¡¿Es enserio?!
—A que vinistes Victoria —Lian puso la tablet en su escritorio y guardó las manos en los bolsillos.
Victoria notó su frialdad, cruzó los brazos y le dió la espalda como una niña malcriada de la que era imposible llevarle la contraria. —Anoche no respondiste mis mensajes. Además, me prometiste que me llamarías cuando regresaras del trabajo…
—¿Y por eso tenías que llamarme toda la mañana?
—¿Entonces si ves mis llamadas? ¡Sólo me estabas ignorando! —Lo acusó furiosa.
—No las atendí, —Tomó la palabra, respondiendole con calma —porque estoy en algo realmente muy importante, Victoria. —se excusó con lo primero que le vino a la mente —Te dije que te llamaré, solo tienes que ser paciente y esperar mi llamada.
Victoria se desesperó —Pero es que siempre es lo mismo contigo, siempre me dejas en espera, o en buzón, o me dejas un recado con tu estúpida secretaria.
Lucía que estaba sentada en su mesa al lado de la oficina de Lian levantó la mirada apenas oyó su nombre, pero enseguida la bajó cuando se dió cuenta que no era para nada bueno…
—Victoria, tienes que calmarte y no hagas un alboroto frente a todos.
—¡Yo hago lo que se me da la gana! —gritó furiosa, tirando del pie con fuerza contra el suelo.
—¿Estás segura que quieres hacer este drama en público? —Lian alzó las manos para calmarla, y le hizo una seña para que mirara hacia afuera de la oficina.
Victoria le siguió la mirada hacia afuera, notando que todos estaban grabando la escena, Volvió a mirar a Lian, esta vez, acorralada, su actitud cambió rápido. Se puso nuevamente las gafas y agarró su abrigo de piel con brusquedad. —Esto no terminará así, Lian Valdez. Se lo voy a contar todo a mi papá. —empujó la puerta y la tiró.
Lian se apoyó de la mesa, soltó un suspiro de alivio y es que Dios sabía lo que mucho que hacía para aguantar a la hija menor de los Sanz.
—¿Jefe? —Lucía salió, escondida detrás de una paca de documentos que ella sostenía delante de su cara con la postura erguida. —¿Ya se fue?
Lian la miró, asintió.
—Uff… que alivió… —se tocó la panza —Se quedaba un minuto más y me daba un infarto.
Lian se lanzó una mirada de odio. —Si vuelves a hacer eso, te juro que te dejaré sin bonos para navidad.
Lucía rodó los ojos. —No se atrevería —masculló, aunque lo suficiente fuerte para que Lian la oyera
—Ponme a prueba y verás que te quedarás sin feliz navidad este año —respondió Lian.
—Ay bueno bueno, antes de que se me olvide —sacó el móvil de su chaqueta, presionó unas cuantas cosas y lo guardó, al segundo siguiente le llegó una notificación al telefono de Lian.
Lian la miró extrañado, tomó su móvil y ahí estaba, una lista bastante extensa de chicas prodigio, la miró con cara de pocos amigos.
Lucía le lanzó una sonrisa juguetona y se escondió detrás de la puerta —Que tenga buena suerte con sus citas, jefe.
—¡Luciaaaaaaaaaaaa!
