Capítulo 3 Noche loca
—Amiga… te ves preciosa…
Abrí los ojos, y no me reconocí; mis ojos, mis labios, mis mejillas, estaban perfectamente sincronizadas en una mezcla de colores cálidos. Y sorprendentemente, combinaban con mi subtono de piel.
—Guao… —rocé los dedos en mi mejilla con cuidado de no arruinar lo que Brittany me había hecho.
—Lo ves, sólo tenías que confiar en mí. No por nada fuí reina de belleza durante dos años consecutivos.
Brittany sólo fue reina de belleza en la secundaria, pero, no quería contradecirla, había hecho un milagro en mi rostro y estaba demasiado feliz para llevarle la contraria.
De repente, mi teléfono vibró, lo saqué de mi bolso y abrí el mensaje sin nombre, era un mensaje del hospital:
"Disculpe, señora Fernández, lamento molestarla tan temprano. Pero me informan de administración que, si no se abona la mensualidad de este mes, sumada a la deuda del mes pasado, no podremos seguir con el tratamiento de quimio de su madre. Recuerde que su mejoría depende estrictamente de que seamos puntuales con los pagos y la medicación. No podemos hacer más excepciones."
Me quedé helada, con la mano suspendida en el aire. El mundo pareció perder el color de golpe. Brittany seguía hablando, mientras que aquello sólo me recordaba lo fracasada que era, que una mujer de veintiocho años que no es capaz de cuidar de su madre enferma.
Sentí un dolor punzante en mi estómago, quizás un claro recordatorio de mi incompetencia ante la vida adulta. Solté un quejido muy bajo y me toqué el abdomen, respira con calma Natacha… todo estará bien… —me repetí, mentalmente.
—Amiga ¿estás bien?
Natacha me miraba con preocupación, se acercó a mí, me sostuvo por los brazos y me ayudó a sentarme en el borde de la cama. —¿Qué te ocurre? ¿te duele el estomago?
Negué rápido, no quería que supiera de mis fracasos financieros, a mis veintiocho años es una completa vergüenza.
—Amiga, me preocupas, desde que regresaste a la ciudad hace seis meses te ves diferente…
—¿Diferente? ¿Cómo es diferente?...
—Pues… te ves muy pálida, más delgada, ¿has estado comiendo bien? si necesitas algo amiga quiero que sepas que de verdad puedes contar conmigo, no tienes que ocultarme nada, te voy ayudar en todo.
Aquello me conmovió, y de verdad me sentí tentada a contarle mis problemas financieros; que no tengo dinero para costear las quimios de mi mamá, ni tengo dinero para pagar la hipoteca de mi departamento donde vivo con mi hermana Sara. Pero, en el fondo, no quería aprovecharme de ella… No es justo.
—Gracias por preocuparte, Natacha, pero sólo es que el almuerzo me cayo algo mal.
Natacha no quedó del todo convencida, pero lo dejó pasar, en sus ojos presentía que ella ya notaba algo, pero no quería insistir, ya que sabía que odiaba que la gente insistiera en meterse en mis asuntos.
—¡Perfecto! —se levantó de golpe, seguido de un aplauso. —Ahora ayúdame con mi vestido.
Asentí, y me levanté lentamente, incorporándome lento pero seguro. Cuando ya sentí que el dolor desapareció, sacudí mis hombros y me relaje, al menos quería distraerme y no pensar en nada que me causará mucho estrés.
Al cabo de unas horas bastantes largas y agotadoras, Brittany consiguió un look bastante atrevido y elegante, muy de su personalidad. Mientras que yo, con el permiso concedido para usar cualquier prenda de su armario, sólo conseguí usar un vestido ajustado hasta la mitad de mis piernas con un escote en forma de V y mangas de tiras, y claro, no podía faltar un abrigo color blanco, el toque final para el look fiestero, admito que era más de fiesta que para una cita.
—¡Amiga, te ves preciosa! te lo dije soy excelente en esto.
—Me veo como una puta barata. —Miré mis bubis expuestas, casi que hacia afuera, trague grueso.
—¡Oye! Aunque no lo creas, eso es un halago para mí.
Rodé los ojos, no tenía remedio, tome el abrigo y me tape mis bubis.
—Deja el drama, la magia es dejarlas expuestas. —se burló Brittany.
Ella se terminó de arreglar el cabello, lo llevaba suelto pero recogido de un lado, mientras que yo, llevaba una coleta alta, perfectamente peinada.
—¿Estás lista amiga?
Voltee a mirarla, asentí, como si estuviera preparándome para la guerra y no para una cita.
—Perfecto, ahora hay que salir de aquí sin que nos pillen.
—¿Qué?
Y si, cómo lo imaginé, mi mejor amiga me está sacando por la ventana de su habitación, sin mencionar que estamos a una distancia de unos tres pisos hacia el suelo. Mientras ella salía cómo una trepadora profesional, yo le eché un vistazo al suelo, la grama se veía impecable, lisa, perfecta para una caída que me mandara directo al hospital con suerte a coma.
—Tengo que estar completamente loca. —susurré.
—Tranquila, he hecho esto muchas veces, y no caerás mientras tengas buen equilibrio.
Fruncí el ceño. —Con que buen equilibrio ¿he? ¿desde cuándo te volviste así? Recuerdo que antes era yo la atrevida.
—Bueno, no siempre tendremos veinte.
—Brittany, tenemos veintiocho. Fácilmente podríamos salir por la puerta como dos adultas responsables, no tenemos que actuar como unas adolescentes desquiciadas.
—Natacha, le estás quitando la emoción a esto, una cita a escondidas no es una cita a escondidas si la protagonista no sale de su balcón.
—Brittany, tus padres ni siquiera están en casa.
—Amiga, enserio tienes que alegar tanta negatividad de tu cuerpo, te hará daño a la hora de conseguir una pareja.
—Ash. —Era mi turno de salir, trague grueso, miré el suelo y el vértigo se apoderó de mi cabeza.
—No mires el suelo o te vas a marear, parece que ya olvidaste nuestros mejores años de juventud.
—No los olvidé, sólo quiero vivir unos veinte años más
Y mientras las chicas descifraban la mejor manera de bajar sin quebrarse un pie, a kilometros de ahi; Lian estaba mirando el paisaje de la ciudad, aunque la casa Valdez estaba bastante retirada de la ciudad, desde su balcón, tenía la mejor vista, del lado derecho, el hermoso vasto paisaje del bosque, del lado recto, la gran ciudad iluminada en todo su esplendor, y del lado izquierdo la tranquilizadora vista del mar.
Tomó un sorbo de su bebida, era zumo de manzana con hielo. el sabor era dulce y pasaba sin problemas por su garganta, soltó un largo suspiro… sintiéndose tranquilo, en paz, cuando de repente, un flashback cortó la dulce tranquilidad de su momento, Lian soltó un quejido de dolor, un silbido punzante se apoderó de su cabeza. arg.
Lian… —Una imagen corta pasó por su cabeza, luego una voz femenina, dulce. Lian cerró los ojos con fuerza dejando caer el vaso de vidrio. Ver a esa mujer en su mente hacía que el pulso de su corazón se acelerara, no podía respirar, se tocó el pecho y trató de calmar el ritmo de su respiración pero era imposible, uno… dos…tres… contó, cómo le enseño su madre cada vez que le daban está clase de ataques.
—¡Lian! —desde la puerta el gritó de Thiago lo hizo reaccionar. —Hermano espera… —Thiago miró los trozos de vidrio esparcidos en el suelo, miró a su hermano, estaba enclucilla, casi tirado en el suelo. Thiago lo tocó y Lian reaccionó agitado.
—¡Hermano soy yo!
Lian abrió los ojos, estaba pálido, la frente húmeda, bajó la mirada hacia su alrededor y se dió cuenta de los trozos de vidrio.
—Thiago… —la voz le salió temblorosa —Es ella… ella otra vez…
