Capítulo 5 ¿Eres la cita de mi mejor amiga?

—¡Natacha, ya baja de ahí! —Brittany gritó entre dientes.

Yo apenas iba por la mitad del árbol pegado a su balcón. Carajo, ya no tengo quince para estas cosas; no sé por qué tengo que seguirle siempre la corriente. 

—¡Te escuché!

Al parecer, no solo lo había pensado para mí misma. —Ya deja de gritar o me vas a hacer caer.

Intenté bajar primero un pie, luego el otro; me sostuve con fuerza en las ramas, rogando para no torcerme un vestido y no dañar este hermoso vestido que cuesta más que mi sueldo mensual, que, aclaro, no tengo.

Por fin llegué al suelo. Sacudí mis manos y luego el vestido y me pasé los dedos por la coleta. 

—Por fin… Ya iba a buscar una colcha para dormir mientras te dabas tu tiempo para bajar.

La miré seria. 

—Bueno, vamos a apurarnos. —Me tomó del brazo y me haló hacia afuera del jardín; luego salimos a la calle. Estaba sola, sin un alma visible; unos minutos después, un auto se estacionó al frente de nosotras.

—¿Se puede saber adónde van las chicas más hermosas del mundo?

—¡Dominic! —Britt salió disparada a atraparlo; no dejó que saliera del auto cuando ya estaba en sus brazos.

Miré a otro lado para disimular el momento tan incómodo que era presenciar esta escena; de verdad que para un soltero sin suerte estos casos son realmente asquerosos.

—¿Ella es tu amiga de la que hablaste? 

Britt asintió, se hizo a un lado con el brazo de Dominic en su cintura. —Debes acordarte de ella; estudió conmigo en la universidad. Luego se retiró.

—Un placer, agradezco lo que harás por mí, Britt. —Me extendió la mano.

—¡Mi amor! —Britt le dio un golpecito en el pecho. 

Ya basta, por favor, me están matando.

—Bueno, Britt es mi mejor amiga, haría lo que fuera por ella.

—Awww, amiga. 

—Bueno, lo mejor sería no atrasarnos; tu cita es a las 9, ¿no?

¡Cierto! Casi olvida que tenía mi cita a las 9 con un pervertido.

Nos pusimos en marcha; yo iba atrás, atrapada en el sillón de los olvidados. Britt pasó todo el camino cantando una canción de Taylor Swift, mientras que Dominic se reía con tanta fascinación. Reproché para mí adentro; no es que fuera una antifán, pero no tenía mucha emoción para seguirle la corriente. De tan solo pensar que me vería con un hombre gordo, calvo o muy tonto en una cita a nombre de mi mejor amiga para un posible matrimonio, me era realmente ridículo. 

¿Qué le costaba solo decir que no? Digo, tampoco es que estuviéramos en esos países donde el matrimonio con niñas fuera legal; Britt ya tiene veintiocho años, es una mujer con un diplomado y un buen sueldo. En fin, la vida de los ricos nunca la voy a entender.

—¡Llegamos! —anunció Britt.

Yo estaba tan distraída que ni me di cuenta de cuándo el auto se detuvo.

Salí del auto y Britt salió detrás; nos paramos a una distancia considerable del auto. —Amiga, ya sabes los detalles, eres Brittany Ferranti. Tienes veintiocho, un diplomado en la universidad de Blackwood y trabajas como gerente. ¿Entendiste? 

Asentí rápido, anotando cada palabra mentalmente, aunque ya había olvidado lo que le seguía de su edad. 

—¿Oye? ¿Y qué pasará si me pide matrimonio? 

—No lo hará, serás muy odiosa para que se desenamore de ti, ¿entendiste?

Volvió a sentir rápido; ahora sí estaba nerviosa. Eché un vistazo al edificio de lujo; yo no debería estar aquí y, aun así, lo estoy, usurpando la identidad de mi mejor amiga. 

—Tranquila, todo saldrá bien, confío en ti.

Apreté los labios, gracias a los nervios. —Cuídate mucho, amiga. 

Britt me sonrió. —En serio te debo mucho, amiga, te amo. —Me dio un abrazo.

—Bueno, bueno, no hay que ponerse sentimental, tampoco te vas a morir.

Nos separamos. Ambas reímos, y la vi irse con Dominic; admito que parece buen chico, solo hay que esperar a dónde llevará su relación, aunque por lo que he visto, Britt está muy enamorada de él.

Alcé la vista hacia el edificio. Más que un restaurante, parecía un hotel. Imponente. Ambiguo. El estómago me rugió. Apreté el bolso entre los dedos, tratando de no dar media vuelta.

Me armé de valor y entré, dando pasos seguros de mí misma, aunque no lo era. Me acerqué a recepción.

—Hola… tengo una reservación. —Me hice la interesante, tratando de actuar como lo haría Brittany.

La mujer me miró de pies a cabeza. —Claro… ¿Puede darme su nombre, señorita?

—Brittany Ferranti. —respondí con una sonrisa, nerviosa.

La mujer tecleó mi nombre, esperó un segundo, me miró. Diablos, ¿ya se dio cuenta de que no soy Brittany?

—Efectivamente, ya lo están esperando. Permítame llevarla a su mesa.

Dejé escapar el aire contenido. Asentí, fingiendo una sonrisa. La mujer me extendió la mano para indicar que la siguiera, y así lo hice; subimos al segundo piso. La iluminación aquí era más baja, más cálida; me quedé un segundo admirando lo hermoso que se veía el paisaje desde este piso. 

—¿Señorita? No se pierda, por favor.

—Sí… disculpe. —Me apresuré a seguirla.

Un momento después, llegamos. —Con permiso. —dijo la empleada, con una sonrisa, indicándome que tomara asiento. 

Vi a un hombre sentado a espaldas de mí, y a simple vista, era un hombre muy atractivo; tenía algo que me resultaba difícil de ignorar. Respiré hondo; otra vez, conteniendo la respiración, tragué grueso y me obligué a mantener la postura firme. Fingí de inmediato una tos sonora y dejé escapar el aire. Vamos, Natacha, puedes con esto, solo emborráchalo y listo, te vas. 

Me dispuse a acercarme a la mesa, con la actitud de cualquier chica rica mimada a la que nunca le han dicho que no en toda su puta vida. Sin verlo, me detuve frente a él; con un movimiento fluido eché mi cabello atrás meneando la cabeza, tomé la silla y me senté sin saludar.

—Supongo que tú eres—

¡Qué diablos!

No podía creer lo que estaba viendo. Mi corazón se detuvo en seco, mis mejillas se sonrojaron de inmediato y mis ojos, mis ojos no dejaban de mirarlo, y lo peor era que mi cuerpo había perdido la total movilidad de mis extremidades; era un cubo de hielo, una estatua de sal a punto de derretirme.

—¿Lian?

¿Mi ex… era la cita de mi mejor amiga?

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