¡No me canso de ti!

—¿Me estás acusando de algo?— siseó él. Su voz grave y fría, sus ojos entrecerrados. Un escalofrío recorrió mi espalda, erizando los pelos de mi cuello.

—No, Killian, pero tienes que admitir que el momento es sospechoso. Todo este lío comenzó justo cuando volviste—. Se levantó bruscamente, empujand...

Inicia sesión y continúa leyendo