¡Eres un lobo, no un vidente!

Killian

Mi pequeño huracán, mi loba. No podía hacer menos que abrazarla, acercarla a mí y dejar que el torrente de lágrimas siguiera su curso. Sentía la boca seca y la garganta se me cerraba mientras intentaba calmar sus emociones descontroladas, como una avalancha lista para enterrarnos vivos. Tal...

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