Ya me gusta. Envíamela.

—¡No tengo nada que decir!— Ella nos dio la espalda. La pequeña diablilla tenía actitud.

—Pero estás tan equivocada, y vas a responder todas mis preguntas o— me detuve y estreché la mirada en su espalda. Ella lo sintió y encogió los hombros.

—¿O qué, todopoderoso Alfa? ¿Vas a matarme? ¿Desterrarme...

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