Capítulo 48 El Fuego de los Médanos y el Sello de la Eternidad

El silencio en la pequeña hacienda de Elena no era un vacío, sino una presencia vibrante. Tras el estallido de júbilo de la boda, la música de los cuatro y las arpas se había ido apagando gradualmente, dejando paso al lenguaje de la naturaleza falconiana: el siseo del viento entre los cujíes y el la...

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