Capítulo 4 ¿Irás verdad?

Fueron cinco años los que habían pasado desde la última vez que Jareth había visto a Claire, porque estaba seguro de que ella había vuelto a su antiguo nombre de soltera, y pese a todo ese tiempo, él todavía no era capaz de olvidarla del todo Lo peor es que Claire seguía usando su apellido y  lo supo tras un año de divorcio.

Pero la vida seguía y, como buen hombre de negocios y algo chapado a la antigua, tras cinco años ya no le importaba sanar su corazón; todo lo contrario, debía centrarse en formar una familia y asegurar una próxima generación de los Mars que heredaría el imperio que él estaba construyendo.

Por eso se había comprometido no hacía mucho con la bellísima Eleonor Richards, la hija de uno de sus socios; era una más que adecuada compañera.

Eleonor era hermosa, virtuosa y calmada, pero pese a todas sus virtudes, no era ella. Ninguna mujer era Claire. Él vivía sin poder alejar la sombra de su exesposa. Pensar en ella lo hizo suspirar y dudar por un momento de lo que estaba haciendo.

¿Habría encontrado un buen hombre que la amara?

Reflexionar en eso hizo que Jareth se pusiera serio y de mal humor. Así fue como lo encontró Eleonor al entrar en el estudio del departamento donde ambos vivían.

—Apenas es mediodía y ya estás de mal humor. ¿Qué es lo que te pasa, cariño? —mencionó Eleonor, caminando hasta su escritorio y dejando sobre este una invitación.

—¿Qué es esto? —preguntó Jareth, curioso, al tomar entre sus manos la invitación e intentando evitar poner palabras a sus pensamientos.

Eleonor solo alzó los hombros. No quería ser ella quien lo hiciera gruñir aún más; es más, no sabía cómo actuar cuando Jareth se enfadaba y se encerraba en su propio mundo. Prefería dejarlo ser y que decidiera volver a comportarse de manera amigable y atenta por sí solo.

La invitación venía de su padre; era para asistir a una boda. El carácter del banquete era obligatorio. Estarían todos los hombres importantes del mundo de la construcción y la arquitectura, no solo de Inglaterra, también de Estados Unidos.

—Como siempre, las bodas son buenos puntos para hacer negocios —mencionó con cierta amargura en su voz.

—Irás, ¿verdad? —le preguntó su prometida, aunque más que una pregunta era una sugerencia.

Jareth Mars jugó con la invitación en la mano. Había un par de razones por las que no debería ir. La más relevante: él podría toparse con ella, con Claire. Se había convertido, después de su divorcio, en una excelente arquitecta paisajista en Europa, lo que la situaría sí o sí ahí.

—No lo sé, tú no estarás para acompañarme.

—Por favor, Jareth, no me pongas esa excusa. Tu padre desea que vayas. Además, es un lugar para que hagas negocios. ¿Es por algo más que no deseas ir?

—No, no hay nada que me impida ir, así que iré —respondió con una sonrisa fingida.

Era mejor ir que explicarle a la mujer con la que pronto se casaría que temía encontrarse con su exmujer, por la que todavía sentía algo. Lo más adecuado era ir y evitar toparse con Claire Mars. Aún le costaba verla con su apellido y saber que no era suya.

¿Por qué diablos todavía no había vuelto a su apellido de soltera? Era una pregunta que en ocasiones lo atormentaba, pero era demasiado orgulloso como para hacer algo y descubrir la respuesta.

Claire, en ese instante, estaba hablando con un guapísimo actor. Se sentía estúpida por lo que estaba haciendo, pero más estúpida se sentiría al llegar a aquella boda sola y ver a su exmarido acaramelado con una mujer a la que sí amaba como jamás la amó a ella.

—¿Y por qué una mujer como usted necesita que yo finja ser su prometido? —preguntó el hombre, curioso, sentado en la silla de enfrente al despacho de Claire.

—Eso a usted no le interesa. Lo único que debe saber es que fingirá ser mi pareja durante el próximo fin de semana y le pagaré lo acordado por ello.

El actor miró por un instante el contrato, dubitativo. Necesitaba el dinero; hacía mucho tiempo que no lo contrataban ni siquiera como doble y, aunque no se había hecho actor para eso, era un trabajo muy bien pagado, tanto que podría vivir holgadamente por más de un mes, tal vez dos.

El hombre estampó su rúbrica sobre el papel y se levantó para observar a la mujer que sonreía desde su lugar tras la mesa.

—Lo espero el viernes que viene, a la hora acordada, en el sitio acordado —Claire se levantó y se inclinó para extender la mano y estrechársela—. Tenga un buen día.

Él estrechó la mano de la hermosa mujer. Todavía no comprendía por qué una mujer como aquella necesitaba un novio de mentira, pero en realidad ese no era asunto suyo y mucho menos si le iba a aportar un beneficio económico. Así que, tras eso, se marchó, dejando una muy sonriente Claire Mars.

Porque, a pesar de llevar más de cinco años divorciada, todavía no había recuperado su apellido de soltera. Le gustaba decir, incluso pensar, que era para que sus hijos no preguntaran la causa por la que tenían diferentes apellidos, pero en realidad era que le costaba desprenderse de aquello que todavía la mantenía unida a él.

—Por favor, cálmate… Harás que me ponga más nervioso —externó Logan Santoro, primo por parte de la madre de Jareth y quien era el feliz novio de ese día.

Jareth no le respondió a su primo. Estaba perdido en sus pensamientos; igualmente, no era algo que pudiera explicar o que Logan llegara a entender, si ni él mismo sabía por qué lo estaba.

—Mejor ayúdame a ponerme la estúpida pajarita, esta que parece hecha por el mismísimo demonio para quedar torcida.

Le urgió el novio, quien tenía hecha un desastre esa parte del traje que usaría. Jareth no tuvo más remedio que dejar de hacer lo que había estado haciendo hasta ese momento para ayudar a su primo a verse decente el día de su boda.

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