Capítulo 115 Tienes que huir

El gran Ferit no tarda en aparecer, con su bata de seda y sus anteojos. Inclina un poco la cabeza en modo de saludo y lo imitamos, más por cortesía que por otra cosa. 

—Me alegro de que el muchacho esté bien —es lo primero que dice—. Cuando despierte, le ofreceré mis disculpas y las de Serhan. 

—D...

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