Capítulo 28 Aclaremos las cosas

Alexander me observa con la mandíbula tan apretada que parece que esta a punto de rompersele algún hueso.

Sus ojos no me sueltan ni un segundo. Él está molesto.

Pero yo también.

Desde donde aún está, a varios metros de mí, puedo sentir sus celos y algo más oscuro, más doloroso, que me aprieta el pec...

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