Capítulo 2 UN ERROR
Capítulo 2
Llegamos a un elegante edificio al centro de la ciudad, allí generalmente vivían los nuevos ricos, gente con dinero y poder Pero que jamás podrían estar en nuestro círculo social.
Subimos en silencio al ascensor de su edificio. Él no me tocaba, pero sentía su respiración muy pesada cerca de mi, un hombre que parecía asustar a todos, estaba nervioso.
Cuando entramos a su departamento, cerró la puerta con llave y se quedó quieto un segundo, como si dudara de si lo que hacíamos estaba bien.
Llegué a creer que quizás era casado y dudaba de ser infiel
—¿Tienes esposa? Y dime la verdad no quiero sorpresas —sonrei
—Soltero —me mostró su mano con una sonrisa.
Me quité los zapatos y caminé hacia él. Lo empujé suave contra la pared y me arrodillé sin decirle nada más. Desabroché su pantalón despacio. Sentí que su cuerpo se tensaba todo.
—¿Qué haces? —preguntó con voz ronca, pero no me detuvo.
—Quiero probarte —susurré mirando hacia arriba—. Déjame.
Saqué su miembro. Estaba debil todavía. Lo tomé con la mano y lo acerqué a mis labios. Empecé lento, lamer con lengua t recorriendo la cabeza. Él soltó un gemido y sus dedos se enredaron en mi cabello.
—Ufff… —murmuró sorprendido.
Sentí cómo empezaba a endurecerse dentro de mi boca. Cada vez más. Chupé con más fuerza, moviendo la cabeza, dejando que entrara en mi garganta profundo. Él jadeaba fuerte ahora.
—No pares… por favor no pares… —su voz temblaba—. Me estás volviendo loco.
Levanté la mirada mientras lo tenía todo adentro. Sus ojos estaban oscuros, desesperados por el deseo. Me agarró la cabeza con las dos manos, pero sin empujar, solo sosteniéndome.
—Así… justo así… mierda, tu boca es perfecta…
Lo saqué un segundo para respirar y hablé agitada buscando como mantener mis emociones al límite, porque algo en el me volvía loca, quizás verlo tan encantador conmigo cuando hace unos minutos mi novio me dijo que yo era una frigida en la cama.
—¿Te gusta?
—Muchísimo… no tienes idea cuánto —respondió casi sin aliento—. Sigue… quiero correrme en tu boca si me dejas.
Volví a metérmelo, más rápido, más fuerte. Él empezó a mover las caderas sin poder evitarlo. Gemía con un deseo que me enloquecía
—Voy a… voy a acabar… ¿puedo? Dime que sí…
Asentí sin sacarlo. Él se tensó, gruñó fuerte y se vino dentro de mi boca, temblando, apretándome el pelo. Tragué todo mientras él seguía jadeando como si hubiera corrido una maratón.
Cuando terminó, lo miré desde abajo.
—Todavía no terminé contigo —le dije, limpiándome la comisura de los labios con el dedo.
Lo llevé casi a rastras hasta la cama. Me quité el vestido en dos segundos. Él se quedó mirándome, todavía agitado, con los ojos brillantes.
—Ven aquí —le ordené.
Se acostó boca arriba. Me subí encima de él a horcajadas. Sentí su miembro ya medio duro otra vez rozándome. Me moví despacio, restregándome contra él hasta que volvió a estar completamente listo.
—¿Quieres sentirme? —pregunté bajito, rozando la punta contra mi entrada.
—Quiero todo de ti… por favor… métetelo ya —suplicó, las manos apretándome las caderas.
Bajé despacio. Lo sentí entrar lento abriéndome poco a poco. Los dos soltamos un gemido al mismo tiempo.
—Estás tan apretada… preciosa… —gruñó él.
Empecé a moverme. Primero lento, sintiendo cada roce. Luego más rápido. Subía y bajaba fuerte, apoyando las manos en su pecho.
—Más duro… cabalga más duro… —me pedía, casi rogando.
Aceleré. El sonido de nuestros cuerpos chocando llenaba la habitación. Él me agarraba la cadera, ayudándome a bajar con más fuerza.
—Te sientes increíble… no voy a aguantar mucho… —jadeó.
—No aguantes —le dije al oído—. Quiero sentir cómo te vienes dentro… quiero que me llenes…
Él empujó encontrando mi ritmo. Los dos estábamos sudados, desesperados.
—Voy a correrme… voy a correrme otra vez… —gimió.
—Hazlo… conmigo… ahora…
Sentí cómo se ponía rígido debajo de mí. Yo también estaba al borde. Un último movimiento profundo y exploté encima de él, apretándolo fuerte gritando como nunca lo hice con Matías, creo que este fue el primer orgasmo intenso de mi vida. Él se vino al mismo tiempo, empujando hacia arriba, llenándome con calor mientras temblábamos los dos.
Nos quedamos así un rato, jadeando, pegados. Ninguno dijo nada más. Solo respirábamos mirándonos y besándonos
No, yo no era la frigida, el idiota de Matías no sabía cómo hacerme el amor y este desconocido en un momento me hizo vibrar como el jamás lo lograría.
Amanecio
Desperté con la cabeza adolorida por el alcohol , odiaba despertarme después de una noche de juerga porque siempre me pasaba lo mismo.
Tarde unos segundos en darme cuenta que no estaba en mi habitación, en acordarme lo que había pasado y el sentimiento de culpa me golpeó de inmediato.
Y entonces lo vi.
Estaba de pie junto a la ventana, vestido, observándome con una intensidad que me hizo encogerme.
—Buenos días —dijo con su voz gruesa, sin moverse.
Me cubrí con la sábana hasta el pecho, sintiendo vergüenza por mi desnudez
—Lo de anoche fue un error —le dije rápido, evitando su mirada, con el corazón latiendo fuerte—. Yo no soy así… necesito irme.
Intenté levantarme, pero él cruzó la habitación en dos pasos y me tomó de la cintura. Su agarre era firme, imposible de ignorar. Mi espalda chocó contra su pecho.
—Ninguna mujer me ha hecho sentir lo que tú anoche —dijo cerca de mi oído, su voz grave, se escuchaba muy sexy.
Me tensé.
—Suéltame —dije, apartandome de el —. ya te dije fue cosa de una noche.
Él no me soltó me agarró más fuerte.
—Ahora eres mía —me dijo con total tranquilidad—. No te vas a ir de esta casa.
Lo miré, esperando que sonriera, que dijera que era una broma. No lo hizo.
Sentí un escalofrío.
—Esto es absurdo —dije, con una risa nerviosa que no sonó convincente—. No puedes retenerme aquí.
Sus ojos se clavaron en los míos.
—Puedo hacer lo que quiera.
El miedo empezó a subir por mi pecho.
—¿Quién demonios crees que eres?
Su expresión no cambió, no era una broma, y parecía tan fi
rme como cuando atacó al sujeto del bar.
—Luciano Ferrer —respondió con una sonrisa—. El mafioso más poderoso de esta ciudad.
