Capítulo 30 30

—Estoy contigo.

La rabia seguía en mi cuerpo, pero ya no dirigía mis manos. Miré a Gael y no a la puerta por la que Valeria había salido.

—Entonces pregúntame otra vez —dijo.

—¿Puedo besarte?

—Sí.

Esta vez me acerqué despacio. Gael sostuvo mi cintura sin arrastrarme. El beso no tuvo que demostr...

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