Capítulo 5 5

—Hoy descubrirán si están casados... o si solo son dos buenos actores.

El conductor sonreía con una seguridad que ya no me resultaba agradable.

Todas las parejas estábamos sentadas frente al escenario principal, alineadas como si fuéramos parte de una exhibición. Las cámaras se movían sin descanso, capturando cada gesto, cada mirada, cada respiración fuera de lugar.

—Bienvenidos a la prueba más difícil del programa.

"Hasta ahora", pensé.

Siempre decía lo mismo antes de complicarlo todo.

—Esta noche no habrá pruebas físicas.

No cocinarán.

No competirán.

No construirán nada.

Hizo una pausa, dejando que el silencio se instalara.

—Solo tendrán que responder una pregunta.

Miré a Gael de reojo.

Él tampoco parecía cómodo.

Las luces del estudio bajaron de intensidad.

Una pantalla enorme apareció detrás del conductor, iluminando el escenario con un brillo frío.

—La dinámica se llama...

¿Cuánto conoces realmente a la persona que amas?

Algunas parejas aplaudieron con entusiasmo.

Yo no.

Aquello no tenía buena pinta.

El primer matrimonio subió al escenario.

Las preguntas iniciales parecían inofensivas.

¿Cuál fue su primera cita?

¿Quién dio el primer paso?

¿Cuál fue su primer viaje juntos?

Respondieron sin dificultad.

Sonrisas.

Aplausos.

Todo bajo control.

Hasta que el conductor cambió el tono.

—Ahora...

preguntas sin preparar.

El ambiente se tensó de inmediato.

Las respuestas dejaron de coincidir.

Las miradas se volvieron incómodas.

Las voces subieron de volumen.

La mujer terminó bajando del escenario con lágrimas en los ojos.

El público reaccionó como si aquello fuera parte del espectáculo.

Y lo era.

Ahí entendí lo que buscaban.

No querían respuestas correctas.

Querían grietas.

—Emma y Gael.

Nuestro turno.

Subimos al escenario.

Las luces eran tan intensas que costaba enfocar.

El conductor nos observó con interés.

—Tres años de matrimonio.

Deben conocerse perfectamente.

Asentimos al mismo tiempo.

Por dentro, lo único que quería era desaparecer.

Las primeras preguntas fueron sencillas.

Color favorito.

Comida favorita.

Película preferida.

Respondimos sin fallar.

El público reaccionó con entusiasmo.

Todo parecía ir bien.

Hasta que Bianca levantó la mano.

—¿Los demás concursantes también podemos hacer preguntas?

El conductor no dudó.

—Por supuesto.

Perfecto.

Justo lo que faltaba.

Bianca se cruzó de brazos.

Su mirada se clavó en Gael.

—¿Cuál fue el regalo más romántico que le hiciste a tu esposa?

Gael no respondió de inmediato.

Nos miramos apenas un segundo.

Fue suficiente.

Improvisar.

—Una brújula.

Hubo un murmullo en el estudio.

Yo también me quedé en blanco.

Hasta que él añadió:

—Porque siempre se pierde.

Y aun así insiste en que sabe exactamente a dónde va.

No pude evitar sonreír.

Seguí el juego.

—Eso no es cierto.

Me regaló una brújula...

y terminó perdiéndose él.

Las risas llenaron el estudio.

Por un momento, todo volvió a sentirse ligero.

Bianca no parecía satisfecha.

Su sonrisa tenía algo incómodo.

—Qué curioso.

Se inclinó ligeramente hacia adelante.

—Entonces dime otra cosa.

Miró directamente a Gael.

—¿Sigues besando igual que en la universidad?

El silencio fue inmediato.

Pesado.

Todas las miradas se dirigieron hacia nosotros.

Sentí algo incómodo en el pecho.

No tenía motivos para reaccionar así.

No lo conocía.

No de verdad.

Entonces...

¿por qué me afectaba?

Gael no apartó la vista de Bianca.

Respondió sin alterar el tono.

—No podría decirlo.

Hace mucho que dejé de pensar en eso.

La expresión de Bianca cambió apenas un instante.

Fue suficiente.

Había perdido.

El público volvió a aplaudir.

Pero yo no podía ignorar la incomodidad que se había instalado en mí.

Regresamos a la habitación cuando terminó la grabación.

El silencio nos acompañó durante varios minutos.

Hasta que decidí romperlo.

—Podrías haberme dicho que la conocías.

Gael dejó la chaqueta sobre una silla.

—No pensé que fuera relevante.

Solté una risa breve.

—Claro.

Tan irrelevante que recuerda cómo besas.

Él suspiró.

—¿Te molesta?

Lo miré con incredulidad.

—Me molestan las omisiones.

—No te oculté nada.

Simplemente no salió el tema.

Me di la vuelta.

No quería seguir con esa conversación.

Di un par de pasos.

Sentí su mano sujetando mi muñeca.

No con fuerza.

Solo lo suficiente para detenerme.

Respiré hondo.

—Suéltame.

No lo hizo.

Cuando me giré...

estaba demasiado cerca.

Nuestros ojos se encontraron.

Y por primera vez...

no hubo actuación.

No hubo cámaras.

No hubo estrategia.

Solo ese momento.

Él levantó la mano con cuidado.

Apartó un mechón de cabello de mi rostro.

—Hay algo que llevo queriendo hacer desde que empezó este programa.

Su voz fue baja.

Casi un susurro.

Mi corazón empezó a latir con fuerza.

No tuve tiempo de responder.

Sus labios tocaron los míos.

Fue breve.

Impreciso.

Real.

Cuando nos separamos...

los dos respirábamos distinto.

Como si algo hubiera cambiado sin previo aviso.

Él parecía tan sorprendido como yo.

Como si tampoco hubiera planeado hacerlo.

Entonces una voz rompió el momento.

La del productor.

Divertida.

Satisfecha.

—Excelente... ese beso acaba de romper el récord de audiencia del programa.

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