Capítulo 6 6

Madison lloró al escuchar que su esposo, el hombre con el que hace unas horas hizo el amor y se comportó demasiado romántico con ella, ahora le ha demostrado que solo fue una farsa todo lo vivido. Él tiene novia y la sigue reconociendo como tal y eso no cambiará, él ha preferido ir a su rescate y dejar a la deriva a la que se ha convertido en su esposa cuando las cosas deberían ser al revés y tenerla como prioridad a ella.

Un rato más tarde se levantó de la cama y se dio un buen baño para tratar de limpiar todo rastro de lo que son las caricias de su esposo. Después de un tiempo salió y se vistió, ella sabe que hoy tendrá que regresar a su ciudad y eso la hace feliz, el problema es que no cuenta con dinero y ahora Arnaldo no está para que tan siquiera le regale el pasaje de vuelta.

«No hay de otra, tendré que buscar un empleo y quedarme por los días que sea necesario, de lo contrario está difícil que regrese —se dijo en su mente con tristeza y preocupación»

La puerta se abrió mientras ella está preparando su maleta, ella se asustó y de inmediato volteó a ver de quién se trata, sus ojos se iluminaron de inmediato.

—¡Hola! ¿Cómo te sientes? —preguntó Arnaldo, refiriéndose a la noche apasionada que tuvieron.

Sí, el muy descarado ha ingresado en la habitación de la cual se marchó y abandonó a su esposa por ir en busca de su amante.

—Estoy bien —le respondió Madison.

Ella está contenta y a la vez confundida, ella misma escuchó cuando el hombre le llamaba amor a otra mujer y ahora se encuentra aquí preocupado por ella.

—¿Ya estás lista? Hoy tenemos que regresar a casa, nuestro viaje ha acabado. —finge como si no ha pasado nada.

—Pensé que te habías marchado, cuando desperté no te encontré en la cama.

—He estado en mi habitación —mintió— No me iría sabiendo que quedas aquí sin dinero. Además, mi abuelo ha vuelto a llamar e insiste en que le mande evidencias de que la hemos pasado bien, entonces, he pensado que podemos bajar a la playa y tomarnos unas fotografías juntos.

—Está bien, vamos —aceptó con facilidad, total, al abuelo no se le puede negar nada.

—Madison.

—Dime.

—Olvida lo que pasó la noche anterior, por favor. Solo fue un error de mi parte y no se le debe de mencionar a nadie, ¿entendido?

—Como tú digas.

—Bien, entonces prepárate, te espero afuera.

Arnaldo se marchó a su habitación y de la maleta que ya había empacado sacó un short de baño, mientras que Madison optó por un vestido con flores de verano. Se encontraron en el pasillo, la chica camina detrás del chico en dirección a la playa.

De pronto Madison observó a lo lejos a una pareja de jóvenes, ellos también la vieron y se acercaron para saludarla. Madison se detuvo y los tres se saludaron, la esposa del joven observó el momento preciso en el que un bebé se cayó junto a su madre y de inmediato corrió a ayudarles a ponerse de pie, acto que los otros dos ni cuenta se dieron y continuaron con su amena platica, hasta que alguien los llegó a interrumpir.

—Date prisa cariño, llegamos tarde. —Dijo Arnaldo, abarcando la cintura de la chica— Oh, preséntame con el joven. —agregó en tono serio y arrogante.

—Claro que sí, mi amor. Él es Eduardo, fue mi jefe en uno de los tantos trabajos que he tenido.

—Oh, qué bueno, mucho gusto Eduardo, lamento llevarme a mi esposa, pero tenemos asuntos pendientes que hacer— estrecharon sus manos y acto seguido empujó a la chica con él para alejarla del joven.

—¿Qué hacías con ese tipo?

Acaso no te bastó la experiencia que viviste anteriormente, deberías de tener mucho cuidado al relacionarte con cualquiera.

¿Te gusta ese imbécil?

¿Has tenido una aventura con él?

Le cuestiona como si estuviera celoso de ella.

—Madison, ¿ya te vas? No te has despedido de mí —gritó la esposa del joven jefe, quien ha tenido que correr un poco para alcanzar a Madison.

—Lo siento mucho, es que tenemos prisa. Les prometo que en otro momento hablaremos con calma, si gustan.

—Claro que sí, querida, sabes que te apreciamos mucho. Él debe ser tu esposo, nos enteramos de que te casaste.

—Sí, él es mi amado.

Madison los presentó y solo así Arnaldo se relajó, él estaba celoso porque pensó que el joven y su chica habían tenido una relación anteriormente y teme andar en boca de todos si alguien les toma una fotografía.

—Siento mucho haber reaccionado de esa forma, te juro que no sé qué me está pasando, pero no puedo soportar el hecho de que otro hombre se acerque a ti —confesó.

—Creo que tendré que acostumbrarme a tus cambios de humor, eres muy raro, ¿lo sabías?

Arnaldo sonrió y esa sonrisa hace que la esposa se enamore mucho más de él.

—Quiero llevarme bien contigo, pero por ahora me es imposible, es por eso que te quiero pedir tiempo para asimilar que estoy casado —pidió amablemente y ella muy contenta aceptó.

∞∞∞

El viaje de regreso fue muy incómodo para ambos. El esposo no le dirigió la palabra desde que subieron al avión, por ratos él tomaba su ordenador y se ponía a trabajar o cerraba sus ojos y se recostaba en el asiento, haciendo como si estuviese dormido, y todo para no observar el hermoso rostro de la mujer que viaja a su lado.

Y es que su mente traicionera no deja de recordarle las escenas calientes de la faena de sexo que tuvieron la noche anterior. Precisamente esa fue una de las razones más fuertes por las que decidió regresar por su esposa antes de llegar al aeropuerto e ir con su amante.

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