Capítulo 34 El boligrafo en su mano

La revelación sobre su madre todavía resonaba en el pecho de Elara como una herida abierta cuando Darian, sin darle tregua, chasqueó los dedos una segunda vez. La puerta de la sala de lectura se abrió y un hombre de traje gris, no uno de los matones armados, sino alguien con el porte pulcro y la car...

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