13.

—Tal vez debería meter mi dedo en tu apretado trasero mientras cabalgas mi gran polla. Eso se sentiría muy bien —susurro—. Enseñarte lo que se siente un verdadero pene.

—Para —suplicó ella.

—Apenas estoy comenzando —me recuesto, clavando mi mirada en la suya—. Cuando follemos, te va a doler la pri...

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