8. ¡Aquí vamos!

Mientras él se ocupa contando su dinero, me abrazo a mí misma. La vergüenza me quema al reconocer lo que acabo de hacer. Jugué con la fantasía sucia de alguien por dinero. No soy mejor que una prostituta. Mamá se revolcaría en su tumba si lo supiera. Papá tendría un infarto.

Las lágrimas arden en m...

Inicia sesión y continúa leyendo