Capítulo 5 Cruda Verdad

Dos meses después.

La mudanza de su madre a una clínica privada más especializada había aliviado gran parte de la angustia de Chloe, pero su propio cuerpo empezaba a cobrarle la factura de los meses de tensión, las noches en vela y el estrés acumulado bajo el mismo techo que Damian.

Esa tarde, tras salir de la habitación donde su madre descansaba plácidamente, Chloe sintió una repentina y violenta ola de mareos en el pasillo. Las paredes parecieron girar a su alrededor, el aire le faltó por completo y sus piernas cedieron de golpe antes de que pudiera alcanzar una silla, desplomándose contra el suelo.

Al despertar, se miró a sí misma sobre una cama de hospital. Una enfermera estaba a su lado, revisando el suero conectado a su mano.

No tenía ni remota idea de lo que le había pasado, pero poco a poco los recuerdos cayeron sobre su mente en pedazos que reconstruyeron la escena antes de perder la conciencia.

—Qué bueno que despierta, señorita Jones —señaló la enfermera con amabilidad—. Se desmayó a la salida del área de hospitalización. El médico de guardia pidió análisis completos de inmediato y ya viene a darle los resultados.

Quería decirle unas palabras pero en realidad se sentía demasiado débil.

Minutos después, un doctor de cabello canoso entró con una carpeta en las manos. Tras examinarla con una sonrisa comprensiva, se sentó frente a ella.

—Los exámenes de sangre no mienten, señorita Jones. Su presión arterial bajó por el agotamiento, pero la causa principal de su desmayo tiene otra explicación. Los resultados confirman que está esperando un bebé. Tiene aproximadamente seis semanas de gestación.

El mundo de Chloe se detuvo por completo. Sintió que el oxígeno se iba de sus pulmones.

—¿Un... un bebé? —balbuceó, apretando las sábanas con fuerza, creyendo por un segundo que se trataba de una broma cruel—. Debe haber un error... Eso es imposible. Yo no estoy embarazada.

—No hay ningún error, los niveles en sangre son concluyentes —respondió el doctor con total seriedad, extendiéndole un informe junto con una pequeña ecografía en blanco y negro—. Su salud está estable, pero necesita reposo absoluto. Por favor, intente mantener la calma y respirar profundo.

Chloe miró la pequeña mancha borrosa en el papel. Un hijo. El fruto de aquella noche tormentosa, donde Damian había roto su propia promesa junto a ella. Se estaba ahogando en medio de aquella dura verdad.

Aún con el pulso tembloroso, salió de la clínica y compró un test de embarazo casero en una farmacia cercana. Aunque el análisis médico era irrefutable, necesitaba verlo con sus propios ojos. Encerrada en el baño de su casa, con el corazón martillándole en los oídos, esperó los minutos eternos hasta que las dos líneas rojas aparecieron con brutal claridad.

—¿Qué voy a hacer? —susurró para sí misma, con los ojos anegados en lágrimas—. Esto es una maldita tortura... Tiene que ser una broma del destino.

Era realmente aniquilante, la forma en la que estaba procesando una noticia tan inesperada como esa. No estaba en sus planes un bebé, ni en un futuro lejano, y ahora llegó de forma repentina invadiendo su propia vida.

Tenía la cara hinchada y el cuerpo tan débil, solo deseaba que fuera una pesadilla. Incluso tuvo que salir un poco para despejar la mente y tranquilizarse.


Por la noche, de regreso al penthouse Damian, Chloe intentaba mantener una fachada de absoluta normalidad. Sabía que tenía que hablar con él, buscar la manera de confesarle la verdad, por más que la idea le revolviera las entrañas.

Caminaba por el pasillo hacia el estudio privado del magnate dispuesta a tocar la puerta, cuando escuchó voces que provenían del interior. La puerta estaba entreabierta.

—Me tuviste acorralado exigiendo este matrimonio para saldar una estúpida deuda de honor con un viejo socio —decía la voz fría de Damian desde el interior, con evidente frustración—. Me obligaste a casarme con ella, padre.

Chloe se detuvo en seco, con la mano a centímetros de la madera, incapaz de dar un paso más al escuchar su propio apellido salir de esa boca.

—No me hables en ese tono, Damian —respondió la voz madura y calculadora de él, Antoine Kingsman, con total desdén—. Hice lo que tenía que hacer para mantener el prestigio de la familia, pero eso no significa que vas a perder la cabeza con la muchacha. Los Jones perdieron su dinero y su estatus hace años. Este matrimonio es solo un contrato temporal para cumplir ante la junta directiva y asegurar tu puesto. En cuanto pase el tiempo necesario, te desharás de ella y de ese apellido que ya no vale nada. Así que evita estar con ella.

Del otro lado de la puerta, Chloe sintió que el estómago se le contraía violentamente y que el aire se convertía en filosos cuchillos atravesando sus pulmones.

Cada palabra era una bofetada directa a su dignidad, pero lo que terminó de romperla fue escuchar la respuesta de Damian, quien no refutó nada de lo que dijo su padre.

—Sé directo, di que no quieres un heredero que lleve el apellido Jones, y está bien, padre, me causa repulsión de solo imaginarlo. Si ella me dijera que está embarazada, me encargaría de inmediato de resolver ese problema.

Ella se tapó la boca, era cómo si existiera en medio de todo, otras razones por las que él se expresaba de forma tan horrible sobre su familia.

Comprendió entonces, que aquel bebé en su vientre jamás sería bienvenido en esa familia, que ahora la bomba empezaba la cuenta regresiva y en cualquier momento explotaría dejándola en medio de los escombros.

Retrocedió en completo silencio, conteniendo los sollozos que amenazaban con desgarrarle la garganta, con el corazón hecho añicos.

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