Capítulo 6 Cuando sus labios tocaron los míos.
POV de Harper
El tercer periodo todavía no había empezado.
El segundo descanso significaba que el hielo estaba vacío, los jugadores estaban en el vestuario y la arena se había llenado de esa energía inquieta de entretiempo. La gente estaba comprando comida, revisando el celular, discutiendo sobre los árbitros.
Saqué mi teléfono porque necesitaba ver qué estaba diciendo la gente. La foto que había subido antes tenía ya más de 3000 me gusta y 200 comentarios.
Mientras iba bajando, sentía que me encogía con cada línea… arrepintiéndome de haber empezado siquiera.
¿Ese es Crew Lawson???
Dios mío, se olvidó de él RAPIDÍSIMO.
Espera, ¿no es esta la ex de Joel? Un lío total.
Saliendo con su rival? Esta chica es IMPLACABLE.
Joel debe estarse volviendo loco ahora mismo.
Me temblaban las manos, pero no podía dejar de deslizar aunque quisiera. Era como si hubiera un imán bajo mi pulgar, arrastrándolo por la pantalla.
—Chica, ¿qué estás haciendo? —Jessica me arrancó el teléfono de la mano.
—Primera regla de salir con un jugador de hockey. Nunca, y digo NUNCA leas los comentarios.
—¡Hey! —traté de alcanzarlo, pero ella lo alejó de mí.
—Hablo en serio. Te vas a volver loca —me lo devolvió—. La gente va a decir que eres una interesada, una fanática desesperada, que lo haces por venganza, que lo haces por llamar la atención. Van a criticar absolutamente todo lo que hagas. Pero mientras TÚ sepas por qué estás aquí, ¿qué más da?
Guardé el teléfono de nuevo en el bolsillo. Tenía razón. Aunque una cosa era decirlo y otra hacerlo.
Una mano se posó en mi hombro.
Me di la vuelta y Crew estaba ahí, con una chaqueta gris de calentamiento, el cabello un poco húmedo, todavía recuperando el aliento de la primera mitad del partido. Debía haber subido directo del vestuario durante el descanso.
—Hey —dijo, dejándose caer en el asiento vacío a mi lado como si fuera lo más normal del mundo.
—Hey —alcancé a responder.
Jessica, Brittany y Ashley intercambiaron miradas tan rápido que casi me lo pierdo.
—Nosotras solo… —empezó Brittany.
—Les damos un minutito —terminó Ashley.
Se volvieron hacia el hielo de la manera menos convincente del planeta.
Crew se inclinó hacia adelante, los codos apoyados en las rodillas, y habló lo bastante bajo como para que solo yo lo oyera.
—¿Estás bien? Desde el hielo te veías tensa.
—¿Podías verme desde el hielo?
—Siempre sé dónde estás —dijo sin más, como si fuera lo más normal del mundo decir eso.
No supe qué hacer con eso, así que no dije nada.
El entretenimiento del descanso estaba terminando. Las luces se atenuaron un poco y esa música cursi tan familiar empezó a sonar por los altavoces de la arena.
Oh, no.
Sabía lo que venía.
Había ido a suficientes partidos con Joel como para reconocer la música de la kiss cam.
—¡Dios mío, la kiss cam! —chilló Brittany, girándose de nuevo hacia nosotros—. ¡Me encanta esta parte!
La cámara empezó a moverse por la multitud. Una pareja joven en la parte baja de las gradas se besó y todo el mundo aplaudió. Una pareja mayor cerca del centro del hielo se besó y la gente se puso de pie para ovacionarlos.
La cámara seguía moviéndose y yo traté de hacerme más pequeña en mi asiento. Tal vez, si no la miraba, no nos encontraría.
—Harper —dijo Jessica a mi lado—. La cámara viene para acá.
—Lo sé —dije entre dientes.
Y de repente, pum, ahí estábamos. Crew y yo en la pantalla gigante, con mi cara ocupando como la mitad de la imagen. Tenía una cara de terror de la chingada.
La gente empezó a corear: —¡BESO! ¡BESO! ¡BESO!
Me giré para mirar a Crew y él ya me estaba mirando, quieto y en silencio, como si estuviera esperando a que yo diera el primer paso.
Era esto. El momento en que o hacíamos que todo pareciera real o todo el mundo veía a través de nosotros.
Sin pensar demasiado, levanté la mano, agarré la parte delantera de su chamarra de calentamiento y lo atraje hacia mí.
Sus ojos se abrieron mucho por apenas un segundo antes de que mis labios chocaran con los suyos.
Sentí que se quedaba rígido de sorpresa y, por un momento horrible, pensé que había calculado todo mal. Pero entonces su mano subió para sujetar mi mandíbula y me devolvió el beso.
Y oh, Dios.
En cuanto sus labios tocaron los míos, todo lo demás desapareció. La multitud, las cámaras, las quince mil personas mirándonos. Desaparecieron. Todo.
Me besó despacio, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo. Como si no estuviéramos sentados en una arena de hockey con todo el mundo mirándonos. Sus labios eran suaves y cálidos, y sabía a chicle de menta y a algo más que me hizo querer acercarlo todavía más.
Seguía aferrada a su chamarra, que usé para arrastrarlo aún más hacia mí. Su pulgar rozó mi pómulo y ese solo contacto hizo que todo mi cuerpo se encendiera.
Cuatro segundos. Tal vez cinco. Pero se sintieron eternos.
Cuando nos separamos, sus ojos estaban oscuros y buscando los míos. Como si intentara averiguar si yo había sentido lo mismo que él.
Lo había sentido. Ese era todo el problema.
La multitud estaba volviéndose absolutamente loca. La gente de pie, gritando, con los puños golpeando el aire mientras la cerveza se derramaba de los vasos de plástico.
Jessica estaba lanzando un silbido de lobo tan fuerte que me dolían los oídos. Brittany gritaba algo que ni siquiera podía entender por encima del ruido.
Me obligué a sonreír y saludar a la cámara como si todo esto fuera de lo más normal. Como si yo besara hombres frente a miles de personas todo el tiempo.
Crew abrió la boca como si fuera a decir algo, pero lo interrumpí.
—Eso debería salir en las mejores jugadas —dije. Mi voz sonó más firme de lo que esperaba.
Él me miró por un segundo.
—Sí… tienes razón. Definitivamente debería.
Sostuvo mi mirada un momento más y luego se puso de pie, acomodándose la chamarra de calentamiento.
—Está por empezar el tercer periodo —dijo en voz baja—. Tengo que regresar abajo.
—Ve —dije—. Gana.
Algo cambió en su expresión. No llegó a ser una sonrisa, pero estuvo cerca. Luego se dio la vuelta y caminó de regreso hacia el túnel.
Lo vi alejarse e intenté recordar cómo se respiraba normalmente.
—Entonces —dijo Jessica, inclinándose hacia adelante en cuanto estuvo fuera de alcance, con esa sonrisa demasiado dulce que usaba cada vez que olía chisme—. ¿Ese fue tu primer beso con él?
—¿Qué?
—Con Crew. ¿Primer beso? —Me miraba con demasiada atención—. Porque ESO no se vio como dos personas que han estado saliendo un mes.
Abrí mi botella de agua solo para tener algo que hacer con las manos.
—Ya nos habíamos besado antes.
—No así —dijo Brittany, abanicándose—. Chica, eso estuvo súper intenso. Sentí que estaba invadiendo y ni siquiera estaba involucrada.
—Fue por las cámaras —dije, pero hasta yo pude escuchar lo a la defensiva que soné.
Jessica alzó una ceja perfecta.
—Sí, claro.
.......
Empezó el tercer periodo y pude sentir que todos me miraban distinto ahora.
Jessica se inclinaba una y otra vez para explicarme las jugadas, como si de pronto fuéramos mejores amigas. Brittany me preguntaba por el equipo de Joel, toda risitas y emocionada. Hasta Ashley parecía más relajada, se reía cada vez que yo hacía un comentario sobre los árbitros.
En el hielo, Crew le robó el puck a un jugador de Colorado y salió disparado. Era rápido, se colaba entre los defensas como si ni siquiera estuvieran ahí. Tiró a puerta y el portero apenas logró atajar.
—Tu hombre está encendido esta noche —dijo Ashley, agarrándome del brazo—. ¿Viste eso? Ya lleva dos puntos.
—No es mi… —empecé, pero Brittany me interrumpió.
—Ay, POR FAVOR. Metió un gol y señaló hacia ti. Básicamente eso es una propuesta de matrimonio en idioma hockey.
Quedaban cinco minutos y los Titans iban ganando por dos. Todo el mundo estaba de pie, la energía en la arena era una locura. Cada vez que los Titans tocaban el puck, la gente enloquecía.
Los Titans ganaron tres a uno.
Toda la arena estalló. Los jugadores patinaban celebrando y golpeando las tablas con los sticks.
Crew miró hacia nuestra sección una vez más antes de irse al vestidor y, en cuanto nuestras miradas se cruzaron, mi estómago hizo otra vez ese estúpido vuelco.
Saqué el teléfono antes de poder pensarlo demasiado y tomé una foto de los jugadores celebrando. La subí a Instagram con el pie de foto: “Nada como una victoria”, y tres emojis de corazón.
Maya dijo que controlara la narrativa. Así que eso era lo que estaba haciendo.
—Vamos —dijo Jessica, poniéndose de pie y estirándose—. Los esperamos junto a los vestidores. Ahí es donde pasa todo el buen chisme, de todos modos.
Tomé mi bolso y la seguí. Las demás mujeres ya iban hacia el nivel inferior, donde había una pequeña zona de espera con bancas y sillas. También estaban ahí otras esposas y novias, todas arregladas y hablando del partido.
Me senté junto a Ashley e intenté actuar normal. Como si estuviera perfectamente bien y no me estuviera volviendo loca por dentro por haber besado a Crew Lawson frente a quince mil personas.
—¡SANTA MIERDA! —Brittany prácticamente se dejó caer en el asiento a mi lado, empujándome el teléfono en la cara—. Harper. HARPER. ¡Mira esto! El beso… ya se volvió viral. Twitter se está volviendo loco ahora mismo.
Tomé su teléfono con las manos temblorosas. Tenía razón. El video de la kiss cam estaba en todas partes. Alguien incluso lo había convertido en un gif.
Los comentarios llegaban tan rápido que no podía leerlos todos.
—A ver —Ashley se inclinó sobre nosotras—. Oh, Dios, mira su cara cuando lo jalas hacia ti. Parece que le acaba de caer un rayo.
—Pero en buen plan —añadió rápido Brittany—. En un plan muy, muuuuy bueno.
Jessica me pasó una botella de agua.
—Toma. Pareces a punto de desmayarte.
La acepté porque tenía la boca seca y todavía sentía que me estaba quedando sin oxígeno.
Antes de que nadie pudiera decir algo más, las puertas del vestidor se abrieron y los jugadores empezaron a salir. Ya bañados y con traje, sin parecerse en nada a los tipos que acababan de pasar una hora dándose golpes en el hielo.
—¡LAWSON TIENE NOVIA!
—¡Ya ERA hora, hermano!
—¡Ella es demasiado para ti, bro!
Y entonces salió Crew.
Se me cortó la respiración, literalmente. Traje gris oscuro, sin corbata, el cabello aún húmedo por la ducha. Escandalosamente guapo, de una forma que hacía que mi cerebro se apagara por completo.
Sus compañeros seguían molestándolo, pero él los ignoró a todos mientras sus ojos recorrían la zona de espera hasta encontrarme.
Caminó hacia mí y yo me puse de pie. Nos quedamos ahí unos segundos, uno frente al otro. Ninguno mencionó el beso.
—¿Lista para irnos? —preguntó por fin.
—Sí.
No me tomó de la mano. No me pasó el brazo por encima. Solo se dio la vuelta y empezó a caminar hacia la salida, y yo lo seguí.
—¡Encantada de conocerte, Harper! —gritó Jessica detrás de nosotros—. ¡Nos vemos en el próximo partido!
Le hice un gesto con la mano, pero no conseguí que salieran palabras. Sentía la garganta demasiado apretada.
Crew empujó la puerta que daba al estacionamiento y los vi de inmediato.
Fotógrafos. Por lo menos veinte. Quizá más. Todos amontonados junto a la salida, con cámaras y teléfonos en alto, esperando. Muchísimos más que cuando habíamos llegado.
Definitivamente alguien les había pasado el dato.
Crew se detuvo tan de golpe que casi me estrellé contra su espalda.
—Quédate cerca —dijo en voz baja, sin volverse—. No respondas ninguna pregunta. Solo camina.
Mi corazón empezó a latir desbocado y esta vez no tenía nada que ver con besos. Era pánico real. Porque esto no formaba parte del plan. Había demasiadas cámaras, demasiada gente, demasiada atención ocurriendo demasiado rápido.
Crew giró la cabeza para mirarme.
—Harper. ¿Confías en mí?
No. Casi no lo conocía. Pero asentí de todas formas porque, ¿qué otra opción tenía?
Él estiró el brazo hacia atrás y tomó mi mano. Su agarre era firme y cálido.
Luego empujó la puerta y salimos directo al caos.
