Capítulo 1 No me casaré contigo
Aslin solo tenía dieciséis años cuando la comprometieron con el Rey Lobo.
Acababa de cumplir los dieciocho cuando descubrió el vínculo de mates que tenía con Soren, el Alfa del Clan Silvan, a cientos de millas de su propio hogar.
Fue en el Festival de la Luna, el cual su familia organizaba todos los años y al que asistían todas las manadas del territorio. No existía un evento más importante que ese, debido a que Alfas y Lunas eran reunidos en un mismo lugar, a veces en compañía de sus herederos, lo que daba lugar a negociaciones y tratados políticos.
En algunas ocasiones excepcionales, hasta se descubría vínculos de pareja entre los herederos de los clanes.
Aslin y Soren fueron uno de esos raros casos.
Como la hija mayor del Clan Aureal, Aslin había vivido encerrada en una jaula de oro, obligada a permanecer oculta para que nadie pudiera sospechar la sangre que corría por sus venas. Una sangre especial y poderosa que la convertía en un arma codiciada, por eso nunca se le permitía aparecer en público.
Pero Aslin no soportaba ese encierro, la responsabilidad sobre sus hombros. Ella quería explorar el mundo, ser libre de elegir su destino. Así que salió al Festival, camuflando su aroma con un brebaje que la curandera de la familia le preparaba cada mañana. Fue ahí cuando lo vio.
Soren, quien todavía no era un Alfa en ese entonces, también la vio.
Los dos sintieron el vínculo de pareja y no hicieron nada por resistirse. Se fueron a un lugar apartado, conversaron por un rato y Soren la aceptó como su mate. Aslin le confesó que sus padres la habían comprometido con otro hombre, aunque no le reveló la verdadera identidad de su prometido, ni la de ella.
Soren enfureció al oír eso.
—No pueden obligarte a casarte con él —gruñó —. Yo soy el futuro Alfa del Clan Silvan y te he reconocido como mi mate. Estamos destinados, no pueden separarte de mí. Eres mía, Aslin.
—Yo tampoco quiero casarme con él, Soren. Pero ese hombre está obsesionado conmigo, no me dejará ir tan fácilmente. La boda está fijada para dentro de unos meses. Mis padres no romperán su trato con él.
—Entonces te secuestraré —sentenció.
Esa misma noche, Aslin decidió escapar junto a él, abandonando una vida privilegiada y las comodidades, el honor de ser la hija de un Alfa. Una carta donde se disculpaba con sus padres fue toda la evidencia que dejó de su huida.
El padre de Soren, el entonces Alfa Edrick del Clan Silvan, no se enteró de su origen hasta meses más tarde, cuando su hijo expresó su deseo de formalizar su relación con Aslin y anunciarlo públicamente.
—No quiero que Aslin siga viviendo aquí como si fuera una de mis amantes. Es mi mate. Ella será la Luna del Clan Silvan algún día y merece ser tratada con todos los honores que conlleva ese puesto.
El Alfa Edrick no lo aceptó al instante.
Hasta que Aslin le confesó su origen y que ella había nacido con la sangre de los antiguos lobos de la línea Zafir. Fue honesta en todo su relato, incluso llegó a exponer su compromiso con el Rey Lobo, lo que llevó a Edrick a reconocer su valor.
—Aslin, no le contarás esto a nadie. Ni siquiera a mi hijo —le dijo —. Es mejor que te mantengas como hasta ahora, que todos crean que no eres nadie importante. El Rey Lobo podría querer recuperarte y tus padres nos declararían la guerra por haberte traído con nosotros.
—Lamento mucho todos los problemas que le estoy causando, Alfa.
Edrick negó.
—No te disculpes, querida. Nunca. Me alegra y me honra que hayas decidido elegir a mi hijo por encima del Rey Lobo. Pero si quieres permanecer a su lado, tenemos que mantenerte escondida. Nadie debe saber que perteneces al Clan Aureal, ni quiénes son tus padres. Y por supuesto, tampoco deben saber de tu poderosa sangre.
Bajo esas órdenes fue que vivió Aslin durante años, escondida, sellando su poder y a su propia loba, todo por quedarse con su mate. Soportó el estigma de sin loba, sin padres ni apellido importante, sabiendo que solo Edrick conocía la verdad de sus raíces.
Se dijo que podía vivir así hasta el final de sus días, mientras tuviera a Soren con ella.
El día que Edrick murió, se llevó todos sus secretos. Su última voluntad fue que Aslin ocupara la posición de Luna del Clan.
[Meses después...]
Era el día de su boda.
El tan ansiado día finalmente había llegado. Nada podía arruinar la felicidad que la recorría.
Aslin contempló su vestido blanco en el espejo, mientras sus doncellas la ayudaban a ajustar los últimos detalles y se aseguraban de que el velo largo que caía hasta el piso no se estropeara.
—Es una novia preciosa, señorita —comentó una de las muchachas.
Aslin sonrió.
—Gracias. Espero que el Alfa opine lo mismo.
Cuando llegó la hora de la ceremonia, Aslin soltó un suspiro cargado de todos los nervios que sentía por dentro. Las enormes puertas de la iglesia se abrieron en ese momento. Sus doncellas más cercanas sujetaron su velo y la acompañaron en todo el camino hacia el altar.
Habia cientos de invitados contemplando ese momento. Todos halagaban su belleza, murmuraban asombrados y no ocultaban su fascinación por ella.
Con su largo cabello platinado y su piel lechosa, era de esperarse esa reacción. Aslin era una loba preciosa e irradiaba una presencia fuerte a pesar de sus carencias como sin loba.
Cuando llegó frente a Soren, su corazón comenzó a acelerarse. Pero se quedó congelada en cuanto se percató de la seriedad en su rostro. No parecía feliz de verla.
—Soren... ¿ocurre algo? ¿Qué está mal?
El sacerdote comenzó a recitar las sagradas escrituras de la Diosa para dar inicio a la ceremonia. En ese momento, Soren levantó una mano para callarlo y elevó la voz, para que todo el mundo lo escuchara.
—No me casaré contigo, Aslin.
