Capítulo 2 Serás mi amante
Aslin sintió que algo en su pecho se desgarraba. Pensó que había escuchado mal, que Soren no había dicho esas palabras en realidad, por lo que comenzó a negar lentamente.
—Soren... ¿pero qué estás diciendo? ¿Acaso he oído mal? ¿Te sientes bien?
Trató de tomar su mano, pero Soren la apartó con frialdad. Su mandíbula se apretó con fuerza antes de responderle.
—No has entendido nada mal, Aslin. He decidido que no puedo casarme contigo. En su lugar, será Galina, la hija menor del Clan Aureal quien ocupe el puesto de Luna de este Clan.
—¿C-Cómo dices?
Aslin no podía comprender lo que había pasado con Soren para tomar una decisión así y mucho menos anunciarla el día de su boda.
¿Cuándo planeó todo esto? ¿En qué momento su hermana Galina conoció a su mate? ¿Y cuándo fue que él decidió casarse con ella, en lugar de Aslin, que era su compañera designada por la Diosa Luna?
Los murmullos comenzaron a levantarse entre los invitados. Todos contemplaban la escena boquiabiertos. Pero no tardaron nada en aceptar la noticia con absoluta naturalidad.
—Tiene sentido. Galina es una loba con sangre de Alfa, tiene dinero y estatus. Es mucho mejor que una sin loba huérfana que no tiene nada que aportarle a la manada además de herederos sanos.
—Y hasta eso era preocupante. Todos saben que una mujer sin lobo es incapaz de tener hijos, nuestro Alfa habría pasado muchas lunas esperando un heredero que ella no podría darle.
—Sí, casarse con ella habría sido un error. De cualquiera manera no habría sabido qué hacer como Luna. No recibió la educación necesaria para llenar el puesto.
Esa clase de comentarios llenaron la iglesia, provocando que la humillación de Aslin fuera mayor.
Sabía que esta gente solo la toleraba por ser la compañera destinada de Soren, pero después de tantos años conviviendo con ellos, pensó que se había ganado un mínimo aprecio de su parte. Ahora se daba cuenta de que se equivocó en muchas cosas.
—Soren, no me puedes hacer esto —comenzó a implorarle —. Por favor, entra en razón. Yo soy tu mate, no tienes idea de todo a lo que tuve que renunciar para estar contigo...
El Alfa del Clan Silvan no se conmovió por sus lágrimas.
—Galina, ven aquí para que todos conozcan a la futura Luna del Clan.
Aslin sintió que el mundo se tambaleaba a su alrededor. La aparición de su hermana menor ocurrió en cámara lenta frente a sus ojos.
Galina llevaba puesto un vestido celeste, su cabello castaño oscuro le caía en ondas sobre los hombros desnudos y en su rostro había una sonrisa orgullosa cuando se acercó a Soren, uniendo sus brazos.
Sin embargo, apenas Galina se dio cuenta de quién era ella, sus ojos se abrieron por la impresión.
—¿Aslin? —susurró, asustada —. ¿No estabas muerta?
Soren la miró con el ceño fruncido.
—¿Se conocen?
—Yo... —Galina no supo responderle.
No hizo falta, pues Aslin cambió el rumbo de aquella conversación.
—Soren, ¿de verdad me estás abandonando por ella? —cuestionó —. Nosotros somos mates. Tenemos que estar juntos, ese es nuestro destino. Fue la última voluntad del Alfa Edrick, ¿acaso no lo recuerdas?
Un destello de algo parecido al arrepentimiento pasó por su mirada, pero fue tan fugaz que Aslin pensó que lo había imaginado.
—Será mejor que te retires, Aslin, no tienes nada que hacer aquí. Guardias, acompañen a la señorita a sus aposentos y no dejen que salga bajo ningún motivo.
—¿Qué? Soren, no me hagas esto.
El Alfa no le dedicó una última mirada antes de girarse hacia el sacerdote, que parecía no saber cómo proceder.
—Sacerdote, por favor, continúe con la ceremonia. Me casaré con Galina y luego la bendecirá como Luna del Clan.
Aslin sintió que no tenía sentido seguir peleando, por lo que ni siquiera forcejeó con los guardias que la tenían sujeta de ambos brazos y que la soltaron tan pronto se dieron cuenta de que ella no pensaba luchar.
Una vez sola en su habitación, comenzó a sollozar, herida por la traición del hombre que le había prometido mil años a su lado. Las horas transcurrieron con una dolorosa lentitud, mientras escuchaba la celebración en el exterior. Los fuegos artificiales estallaron en el cielo igual que los gritos y vitores, dando por finalizada la ceremonia.
Para ese momento, su hermana ya era la esposa legítima de Soren y su Luna oficial.
Cuando todos los sonidos se apagaron, Soren ingresó a la habitación. Al verla en el suelo, hizo una mueca.
—¿Qué haces ahí tirada? Ponte de pie.
Aslin levantó la mirada y obedeció, parándose frente a él con el mentón elevado.
—¿A qué has venido, Soren? ¿No deberías estar en tu luna de miel con tu esposa? ¿O es que has venido a rechazarme? —Las lágrimas corrieron por su rostro. No podía contenerlas —. Todavía no entiendo por qué me hiciste esto.
Soren se acercó a ella y le secó las lágrimas de la cara.
—Sí sigues llorando así, te vas a enfermar —señaló, luego de una pausa, agregó —. No tienes nada qué ofrecerle a mi manada, Aslin. Hace unos días el Alfa Gendrick me ofreció la mano de su hija en matrimonio a cambio de un acuerdo comercial y no podía negarme. Era una oferta demasiado buena.
Aslin apartó sus manos lejos de su rostro.
—¿Eso es lo que valgo para ti? ¿Un acuerdo comercial era todo lo que necesitabas para renunciar a nuestro amor?
—¿Y quién dijo que renuncié a nuestro vínculo? —soltó Soren.
—¿Cómo dices?
Soren dio un paso cerca de ella y la atrajo hacia su cuerpo, buscando sus labios. Aslin trató de resistirse, pero el vínculo de mates la hizo ceder bajo ese beso que lamió las heridas de su corazón. Se odio a sí misma por no saber cómo rechazarlo a pesar de su traición.
Al separarse, Soren sonrió.
—Galina es solo una moneda de cambio. No significa nada para mí. ¿Crees que fue una decisión fácil de hacer? —negó —. Ella podrá ser la Luna del Clan, pero tú eres mi mujer y seguirás gozando de los mismos privilegios. ¿Por qué crees que vine a ti en lugar de pasar la noche con ella? Tú eres a quien amo en realidad.
Aslin sintió que esas palabras le dolían más que cualquier rechazo.
—Yo no quiero esto, Soren. Me humillaste frente a todos. ¿Y ahora dices que me amas? —Lo empujó, furiosa —. ¡Suéltame!
Soren no la dejó ir.
—Deja de resistirte, Aslin. No te estoy alejando, tampoco serás expulsada de mi vida o de mi territorio. Te digo que todavía serás alguien importante en el Clan. Ni siquiera tocaré a Galina. Ella será mi esposa, pero tú serás mi amante, la única en ocupar mi cama y mi corazón. Nadie más que tú.
