Capítulo 3 No lo compartiré
Aslin finalmente consiguió las fuerzas para empujarlo y apartar a Soren de ella. No podía creer lo que le estaba proponiendo.
—¡No pienso ser tu amante! ¡Preferiría morir antes de que todo el Clan me conozca de esa manera! —sentenció —. Mis hijos no nacerán como bastardos, Soren. ¿O es que piensas embarazar a tu esposa por telepatía? Eso de que no vas a tocarla es una tontería.
—No serás una simple amante por mucho tiempo, Aslin —replicó Soren —. En cuanto el padre de Galina se convenza de que su hija está bien posicionada, te nombraré mi concubina. Tú me darás todos los hijos que puedas. Galina solo se ocupará de criar al primogénito. Mientras tanto, tú también ocuparás una posición de poder a mi lado y te dejaré sentarte en la mesa del consejo.
Aslin parpadeó con incredulidad ante esa idea tan descabellada.
—¿Qué es lo que pasa contigo? ¿Cómo puedes siquiera proponerme una cosa así?
—¿Entonces no quieres quedarte conmigo? ¿Eso es lo que dices? —cuestionó Soren, con la mandíbula apretada.
—No quiero ser tu amante o tu concubina. Me da igual. Para mí no hay diferencia, de todos modos acabaré siendo la otra. Tú le diste mi lugar a otra loba, Soren, el único lugar que yo habría podido aceptar.
Soren estaba ligeramente impresionado por la fiereza en la mirada de su mate. Nunca antes la había visto enfrentarlo de esa manera; por lo usual, Aslin era tranquila y dócil, siempre complaciente. Nunca desobedecía una orden.
—Vas a tener que aceptarlo, Aslin. Porque no pienso dejarte ir. Eres mi mate y tu lugar siempre será a mi lado.
Después de decir eso, volvió a atacar su boca y saboreó la sal de sus lágrimas. Cada beso era una declaración de poder, un reclamo sobre ella, como si quisiera recordarle que él era el único que podía tocarla y hacerla sentir así.
Aslin luchaba contra ese deseo, recordándose lo que Soren la había hecho pasar. Trató de reemplazar el calor de sus labios por la amargura de su traición.
Hasta ese día, se había comportado como una loba sumisa, entregada. No trataba de llevar el control de la relación, permitiendo que Soren tomara el dominio, que fuera la autoridad de su vida para no evidenciar que ella tenía incluso más sangre Alfa que él.
Todo para poder quedarse a su lado.
Cuando Soren la dejó caer sobre la cama y comenzó a repartir besos en su cuello, deshaciendo los nudos de su vestido de novia, Aslin le dio un puñetazo en la cara.
—¡Aléjate de mí! No te atrevas a tocarme otra vez.
—¿Tú... acabas de golpearme?
Soren no parecía creérselo.
—Sal de aquí —exigió Aslin —. No quiero volver a verte. Anda con tu esposa y acuéstate con ella si tantas ganas tienes. No podría importarme menos lo que ocurra entre ustedes dos.
El Alfa todavía sentía la cara palpitándole por el golpe de la loba. Sacudió la cabeza y, con un suspiro resignado, se apartó de ella.
—Estás enojada. Puedo entenderlo, así que no te molestaré por unos días hasta que se te pase. Pero quiero que entiendas que no voy a dejarte ir, Aslin, no podría soportarlo. Tu lugar es a mi lado y solo ahí permanecerás. Espero que puedas perdonarme. Sabes que tarde o temprano tendrás que hacerlo.
Aslin apretó los labios, negándose a desgastar una sola palabra más en ese lobo traicionero que la llenó de sueños e ilusiones, solo para humillarla frente a todos.
Después de que Soren se fue, trató de pensar en una manera de salir de aquella situación. Estaba claro que el Alfa no iba a dejarla ir incluso si lo apuntaba con una daga y ella no podía permanecer un minuto más en el Clan Silvan.
Galina la había reconocido. Después de tantos años, la sangre no podía cambiar igual que un rostro. Aunque no eran hermanas de la misma madre y Aslin abandonó su hogar cuando Galina era solo una adolescente, seguían siendo familia.
Las puertas de su alcoba se abrieron en ese momento. Galina ingresó sin decir una palabra, pálida como un fantasma.
Aslin se levantó de la cama al instante.
—En verdad eres tú —susurró Galina —. Por un momento llegué a creer que me había confundido, pero no, realmente eres tú.
—Galina... puedo explicarlo.
Su hermana la miró furiosa.
—¿Qué cosa vas a explicar? Todo este tiempo creímos que estabas muerta. ¡Mi padre te ha buscado por mar y tierra, Aslin! Después de que dejaste esa carta, papá tuvo que mentir acerca de tu paradero y decir que desapareciste. ¡Pero tú estabas aquí... siendo la amante del Alfa de Silvan!
—¡No soy su amante! —replicó Aslin sin poder contenerse —. Él es mi mate. Dejé escrito en mi carta que me iría a vivir con él.
Galina comenzó a negar.
—¿Tu mate? ¿El Alfa Soren y tú...? No, no puede ser.
—Lamento tener que decirte esto, hermana. Te juro que desearía que las cosas nunca hubieran resultado de esta forma.
Su hermana comenzó a respirar con dificultad.
—Padre nunca nos dijo que encontraste a tu mate. Solo nos dijo que decidiste tomar la vida de una loba errante porque no soportabas la responsabilidad de ser la primogénita y no querías casarte con el Rey Lobo... Y ahora resulta que tenemos el mismo marido. Me preguntaba quién era la amante de la que tanto hablaban.
—No, no es así. Tú eres su esposa y la Luna del Clan, yo no soy nadie para él —le costó decir aquellas palabras —. Él me traicionó, Galina. No quiero tener nada que ver en este matrimonio.
Galina soltó un resoplido, su mirada se tornó oscura y llena de rabia.
—¡Él me dijo que tú serías su amante! ¡Ni siquiera quiso compartir la misma cama conmigo! ¿Y me dices que no eres la tercera rueda en mi matrimonio?
—Hermana, entiendo que todo esto es demasiado caótico. Tampoco ha sido fácil para mí, imagina la impresión de ser plantada en mi propia boda y luego saber que tú ocuparías mi lugar...
—¿Te atreves a llamarme hermana y luego me acusas de robarme tu vida?
—Galina, eso no es lo que quise decir.
Su hermana soltó una risa amarga.
—Eres increíble, Aslin. No puedo creer que mi padre desgastó tantos esfuerzos en encontrarte cuando no vales nada. ¡Nada! Y que quede claro que no pienso dejar que sigas frecuentando a mi marido. ¿Lo entiendes? ¡No lo compartiré contigo ni con ninguna otra ramera!
