Capítulo 4 Me casaré con el rey
Galina había deseado casarse con Soren desde el momento que lo vio en la oficina de su padre. Se enamoró de él a primera vista.
Cuando su padre la entregó en matrimonio, ella estaba rebosando de alegría. No podía creer su suerte. Se dijo a sí misma que era el destino.
Hasta que le llegaron los rumores de que Soren tenía una amante. Una mujer sin loba que llevaba años compartiendo su cama y adueñándose de su corazón. Supo que la mujer ostentaba un lugar importante en el Clan, que incluso era su mate y que estaban por casarse. No lograba comprenderlo.
Galina descubrió entonces que Soren pretendía convertirla en su segunda esposa.
Las leyes de los lycan eran permisivas a la hora de tomar dos mujeres, solo cuando se trataba de un Alfa y existía un vínculo de mates con una de las mujeres. No era una práctica común, pero tampoco tan extraña.
Sin embargo, Galina no podía soportar la idea de compartir a su esposo con otra. Nada menos que el hombre que amaba.
Convenció a su padre de que exigiera a Soren deshacerse de esa otra mujer. Armó todo un berrinche para asegurarse de que su prometido no desposara a esa otra.
Y lo consiguió. Soren realmente necesitaba casarse con Galina, así que no le quedó de otra que aceptar sus exigencias.
Esperaba aparecer el día de la supuesta boda, solo para pararse frente a la amante y gritarle su victoria, pero nunca imaginó que sería su hermana Aslin, a quien creían muerta, la mujer con quien había estado compitiendo.
—¡No lo compartiré, Aslin! ¡Ni tú ni ninguna otra ramera me separarán de Soren!
La expresión de Aslin dejó de ser amable.
—¿Me estás rebajando a la par de unas lobas vulgares? Te recuerdo que hasta hace poco era yo quien sería su esposa.
—Pero no lo eres — replicó su hermana —. ¡Yo soy su esposa! ¡Yo gané, Aslin!
Aslin parpadeó, incrédula.
—¿Piensas que esto es una competencia?
Siempre había sabido que Galina vivía acomplejada por sus orígenes, pero no pensó que su inseguridad llegaba al punto de imaginar una rivalidad inexistente entre ellas.
Lo último que Aslin quería era pelear por un hombre, mucho menos con su hermana menor.
—Soren no es ningún premio, Galina. No pienses que eres importante para él más allá de lo que haya conseguido gracias a su unión. Eres un intercambio político, no va a enamorarse de ti de un día a otro.
Aquellas palabras sonaron como un ataque para su hermana, quien no dudó en responderle.
—¡Solo estás celosa porque te quité a tu hombre! No es mi culpa que hayas perdido a tu loba luego de renunciar a la familia. ¡Seguro fue obra de la Diosa! ¡Te castigó por lo que hiciste! Que yo me casara con Soren debe ser parte del castigo.
Aslin dejó caer los hombros. Las palabras de su hermana no consiguieron herirla. En realidad, ya estaba aceptando que Galina nunca había superado ser la media hermana, la hija de un amorío que solo prosperó por la presión.
No había tenido la intención de ofenderla, solo exponer una realidad: Soren nunca iba amarla.
Así que se deshizo de cualquier intento por disculparse o hacerla entrar en razón. Si su hermana quería convertirla en su enemiga, bien, que siguiera pensando en eso. De todos modos, Aslin no podía seguir en ese lugar.
—Puede que tengas razón —concedió Aslin tras una pausa.
Galina la miró con sorpresa.
—Le provoqué un dolor terrible a mi padre, una humillación que tuvo que ocultar durante todos estos años. Me merezco que mi capricho me explote en la cara.
—Así... así es —apoyó Galina, un poco desconcertada por la reacción de su hermana mayor. No la recordaba así de sumisa.
Lo que no imaginaba, es que Aslin solo estaba fingiendo para hacerla bajar la guardia, para convencerla de que la ayudara en su plan.
—Es por eso que lo mejor será que me marche. No quiero arruinar tu matrimonio con Soren, así que lo mejor será volver con nuestro padre. Le confesaré lo que hice, le diré toda la verdad.
Galina comenzó a negar.
—No, tú no puedes decirle a nuestro padre que eres la mate de Soren —replicó, asustada —. Me obligará a compartirlo. ¡O peor! ¡Podría pedirme que me divorcie de él y te lo entregue!
Su hermana la agarró de ambos brazos, sacudiéndola como una desquiciada.
—¡No lo voy a permitir! ¡No compartiré a Soren y tampoco te lo devolveré! ¡Él es mío, Aslin! ¡Me debes esto después de acaparar toda la atención de nuestro padre!
Aslin hizo una mueca cuando las garras de Galina se metieron bajo su piel.
—¡Suéltame! —gritó —. No le diré la identidad de Soren a nuestro padre. ¿Acaso crees que yo quiero volver con él? ¿Crees que no sé lo que pasará si le digo quién es mi mate?
—¿Entonces qué es lo que pretendes?
El rostro de Aslin se había vuelto de piedra.
—Le diré que me escapé con mi mate, pero no le diré su nombre. Solo diré lo necesario para ser honesta con él, que es lo mínimo que se merece después de todos estos años... Y luego le contaré lo que pasó: que mi mate me despreció por no tener loba y se casó con alguien más. Incluso le diré que me rechazó para convencerlo de que el vínculo entre nosotros se rompió.
Galina la escuchó con atención.
—¿Y luego? —presionó —. ¿Solo recuperarás tu lugar? ¿Regresarás y le dirás a Ashia que deje de soñar con herederar Aureal algún día?
Ashia, su segunda hermana. La heredera del Clan Aureal desde que ella decidió abandonar todo. Su corazón se apretó al recordarla, pensar en lo difícil que debió ser asumir el peso de todas sus responsabilidades de un día a otro.
A pesar de eso, hizo a un lado su dolor para mirar a Galina con seriedad, mientras negaba con la cabeza.
—No, no le quitaré nada a mi hermana. Si te pido que me ayudes a escapar, no es para recuperar mi posición en Aureal —sentenció —. Galina, si voy a regresar, será para respetar una antigua promesa que rompí hace tantos años.
—Hablas de...
—Sí, hermana. Me casaré con el Rey Lobo como estaba destinado a ser.
