Capítulo 6 Regresa a casa

Galina sujetó el amuleto que colgaba entre sus senos, apretándolo con fuerza. La bruja le había dicho que la esencia de su hermana permanecería ahí, siempre y cuando no intentara utilizarla. De lo contrario, agotaría la reserva y revelaría la verdad a Soren: que ella no tenía ninguna clase de don.

Ni una gota del linaje Zafir.

—Mañana por la mañana, quiero que te reúnas con Aslin —ordenó Soren —. Tú eres mi Luna, pero ella es mi mate. Quiero que le digas a Aslin que no ocurrió nada entre nosotros y que mantendrás una relación cordial con ella.

El cuerpo de Galina de tensó.

—¿Quieres que seamos amigas?

—¿Será muy difícil para ti? No es algo que no supieras ya. Tienes prohibido hacer nada para incomodarla, no puedes humillarla como si fuera alguna criada o una amante de la calle. Y el Clan solo va a tratarla bien si ve que lleva una buena relación con mi Luna.

—¿Y qué hay de Aslin? ¿Ella me tratará bien? Solo estás pensando en ella, ¿pero qué hay de mí? La dejaste plantada en su propia boda para casarte conmigo. ¿Crees que ella quiere verme?

—Aslin es una loba razonable. No importa cuánto pueda odiarme ahora, nunca se atrevería a faltarte el respeto —replicó Soren —. Eres la Luna de este Clan y ella respeta la jerarquía por encima de sus emociones. Espero lo mismo de ti.

Galina comenzó a temblar por la impotencia. Incluso ahora, después de haber sido nombrada como Luna del Clan, su esposo la rebajaba a aprender cosas de la que era la amante.

No había otra forma de verlo.

Para ella, que fuese su mate no quitaba la realidad. Podía llamarla su concubina o su pareja destinada, daba lo mismo.

Seguía siendo la loba con la que compartiría la cama mientras estaba casado con ella. Solo podía ser la amante. ¡Y le pedía que aprendiera cosas de esa mujer! Si no fuera su hermana, habría sido mucho más humillante.

Al menos sabía que Aslin tenía la educación adecuada como para ser admirada por eso. Después de todo, se esperaba que gobernara junto al Rey Lobo antes de su huida.

—¿He sido claro, Galina? —presionó Soren al notar su silencio.

Ella tuvo que asentir, muy a su pesar.

—Sí, Alfa.

—Muy bien. Mañana por la mañana, quiero que vayas a los aposentos de Aslin y le aclares todo sobre nosotros, luego darán un paseo, para que todo el Clan vea que no existe ninguna clase de rivalidad ni disputa entre ustedes.

Estaba loco. Realmente loco.

Galina durmió sola esa noche, odiando cada segundo en el que Aslin seguía viviendo en su casa, existiendo en el corazón de Soren.

Tan pronto terminó de desayunar, acudió donde su hermana.

—¿Galina? ¿Qué haces aquí?

—Soren quiere que demos un paseo por la manada. Las dos —espetó de mala gana. Aslin apretó los labios —. Tendremos guardias vigilándonos, pero confío en que puedas hallar la forma de escapar de ellos.

Aslin se puso de pie de inmediato.

—¿Hablas en serio? ¿Quieres que huya a plena luz del día?

—¿No quieres? Pensé que estabas decidida a irte. No me digas que te arrepentiste.

—Claro que deseo irme. No quiero estar aquí un día más. Sin embargo, si cometo un solo error, los guardias podrían atraparme y el siguiente escape podría ser mucho más complicado.

—No habrá mejor oportunidad que esta —replicó Galina —. Habrá gente en el mercado, ¿no es así? Siempre se llena durante los días festivos y yo acabo de casarme con Soren. Soy su Luna. Es seguro que habrá mucha gente en las calles. Podemos fingir que te perdiste; si alguien te atrapa, diremos que te pedí que consiguieras algo para mí.

Aslin lo consideró con cierta inseguridad. Podía notar la urgencia en la voz de Galina.

Su hermana en verdad quería deshacerse de ella lo más pronto posible sin ensuciarse las manos.

Sabía que era arriesgado, que los planes de último momento, desorganizados y sin consideración alguna por los pros y contras, nunca resultaban como una quería.

Pero también podría ser su mejor oportunidad.

—Está bien —aceptó Aslin —. Será hoy. Está claro que no me quieres un minuto más aquí.

Galina no le respondió, pero sus ojos lo expresaron todo.

Esa misma tarde, las dos acudieron al mercado de la manada, escoltadas por cuatro guardias que las seguían como escudos protectores, mientras que otros cinco guardias vigilaban a la distancia, sin quitarles un ojo de encima.

Pasearon por diferentes joyerías, compartieron las delicias de los vendedores ambulantes y recibieron elogios de toda clase. La gente les abría paso a donde fuera que pasaran.

Galina se dio cuenta de que la mayoría detenía sus ojos primero en ella, reconociendo su vestimenta lujosa y distinguida; sin embargo, su hermana acaparaba la atención rápidamente con su cabello platinado, la piel lechosa y sus ojos como la luna.

Siempre había sido así.

Desde que eran unas niñas, la belleza de Aslin no tenía comparación. Ashia era la única que se acercaba. ¿Y ella? Era una belleza menos exótica y más común.

Se detuvieron en una boutique exclusiva.

—Necesito nuevos vestidos —dijo Galina en voz alta —. Aslin, ¿no te gustaría actualizar tu closet?

—Me encantaría.

—Pues no se diga más.

Una vez dentro, las hermanas comenzaron a tomarse las medidas. Primero fue Aslin, a petición de Galina. Al terminar, le dedicaron especial atención a la Luna del Clan, incluso los guardias desviaron sus ojos de Aslin para centrarse en su señora.

Fue entonces que Galina le dedicó una mirada significativa. «Ahora» le dijo.

—Disculpa, ¿me puedes indicar dónde está el baño? —le preguntó a una trabajadora. Ella la guió de inmediato a una zona privada.

En el baño había varias ventanas. No perdió el tiempo y salió a través de una de ellas, caminando a paso veloz a través de la gente.

Se había puesto una capa con capucha precisamente para ocultar su cabello, que la haría destacar demasiado entre tantos tonos castaños, rubios y cobrizos.

Cada paso era una ruptura con la vida que había formado en Silvan y marcaba el final de esa etapa, acercándola al retorno a su hogar.

—¡La señorita Aslin desapareció! —escuchó de repente —. ¡Encuéntrenla!

En ese momento, Aslin comenzó a correr.

Directo al bosque. Tan rápido que sus piernas le dolieron. Llevaba tanto tiempo sin entrenar, sin hacer una actividad física que requiriera tal esfuerzo, tal adrenalina.

Los guardias comenzaron a seguirla. Cada vez más cerca.

—¡Señorita Aslin! ¡Deténgase! —le gritó uno de los guardias.

—¡No dejen que se vaya!

La voz de Galina. Una mera actuación.

Aceleró el paso. No dejaría que la atraparan. No cuando el aire fresco y feroz le golpeaba la cara, recordándole el sabor de la libertad. Recordándole quién era ella.

Se desvió por otro camino, buscando perder a los guardias.

Atravesó una cueva, una garganta de oscuridad que la hizo desaparecer del radar de los lobos que la perseguían. Pero no de Galina, que la encontró de inmediato.

—¿Qué haces aquí? —cuestionó Aslin.

Galina la tomó de ambos brazos.

—Los has perdido, pero no vas a ir muy lejos en tu forma de dos piernas. Tenemos que retrasarlos de alguna manera.

—¿Qué planeas?

Galina la miró fijamente.

—Atácame.

—Galina...

—Solo hazlo, Aslin. Es la única manera.

Aslin tragó saliva. Los guardias ya se estaban acercando y tenía que actuar rápido, así que se transformó, tomando por sorpresa a Galina.

«No perdió a su loba. Estaba fingiendo»

Una enorme loba de pelaje plateado emergió frente a ella. Sus ojos como la luna brillaban con el poder que llevaba en su sangre. Galina se puso pálida, esperando el ataque.

—Regresa a casa —fue todo lo que le dijo antes de que Aslin saltara sobre ella.

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