¡Por nuestra primera noche perfecta! YO

—No sé nadar —confesé, avergonzada, tratando de recuperar el aliento.

—Perdóname, Bárbara. No lo sabía —dijo preocupado, sosteniendo mi rostro entre sus manos.

De repente, el miedo dio paso al humor y comenzamos a reír.

—Ok, condón roto, casi te ahogo... ¿Qué más puede pasar?

—¿Que prenda fuego ...

Inicia sesión y continúa leyendo