un nuevo y desastroso encuentro II

—Yo... creo que estás en el baño equivocado. —dije educadamente.

Era Heitor Casanova. Veía a docenas o cientos de personas al día. Por supuesto que no me recordaría. Aun así, mi corazón latía tan fuerte que podía escucharlo fuera de mi pecho. ¿Le temía, aunque no estaba en su territorio? ¿Por qué m...

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