Ben «A»

Nunca había necesitado tanto una ducha caliente en mi vida. Y fue allí, bajo la ducha, donde pude dejar caer las lágrimas sin que nadie las viera, ni siquiera yo misma.

La puerta se abrió y Ben entró, sentándose en el inodoro. Pasé mi mano por el vidrio y pude ver sus ojos rojos. Con mi dedo, escri...

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