La prostituta II

—Está bien, lo hizo. —pregunté mientras ellos continuaban, sin prestarme atención.

Tuve que ponerme frente a la prostituta para que Heitor y Sebastián se detuvieran. Estaban jadeando y podía ver la ira en sus ojos, sintiendo exactamente lo mismo que yo.

—Vamos, discúlpate —ordenó Heitor.

—Lo sien...

Inicia sesión y continúa leyendo