Las palabras no vienen fácilmente I

Heitor abrió los ojos y me miró, tomándose su tiempo, haciendo que cada minuto pareciera una hora:

—Puedes... —dijo con voz débil.

Me acerqué a él, lentamente, sabiendo que tal vez era el último beso, la última vez, como siempre eran nuestros encuentros: una cantidad desconocida, una mezcla de emoci...

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