Veinte minutos II

—De espaldas —ordenó.

Inmediatamente me di la vuelta mientras él apartaba mi cabello de mi cuello, besando el tatuaje que parecía ser su fetiche y ya sabía cuánto lo volvía loco.

—¿Qué quieres ahí, novio?

—Quiero todo, Bárbara... Todo lo que tengas para darme.

—Te mereces algo... que aún no he h...

Inicia sesión y continúa leyendo