Dime el precio y lo pagaré

Me levanté de inmediato, sintiendo mi corazón latir más rápido y el aire parecía faltar en mis pulmones. Héctor tomó mi mano y dijo:

—Siéntate, Bárbara. Cálmate, por favor, o no dejaré que Sebastián termine de hablar.

Miró hacia mi hermano.

—Haz lo que dice —pidió Sebastián, tirando de una silla ...

Inicia sesión y continúa leyendo