¡Ahora! II

—¿Ser tu secretaria y andar casi sin ropa ofreciéndome a ti? —me reí—. No me confundas con tus prostitutas.

—Bárbara... —mordió mi lóbulo.

Sentí su lengua en la parte sensible de mi oreja y me estremecí. Luego rodeé su cuello con mis brazos y lo besé como si el mundo fuera a terminar en cinco minu...

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