Capítulo 47 Apuntamos y no siempre acertamos el tiro I

Salma arqueó una ceja, mirándolo fijamente:

- Tú... No eres uno de los bailarines, ¿verdad?

- No... Solo soy el cantinero. - Él sonrió.

Se sentó en el sofá, con las piernas en alto, haciéndonos sitio:

- Lo siento por un sofá de tres plazas solamente... Pero aquí estamos tres. Él sonrió, e...

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